A mi espíritu lo capturó el bosque.
El viento corta la tarde, que se recupera de una esporádica lluvia primaveral y que ha dejado la tierra cubierta de agua y el viento rebosante de humedad. El panorama se ha ido despejando y ya se ven a lo lejos los cerros aun cubiertos de árboles y vegetación, que han escapado de la devoradora ciudad. El Sol ya se asoma a lo lejos, escapando de entre las nubes. La gente no se extraña de nuestra presencia, pues es normal que en un domingo cualquiera ,algunas personas escapen de los cielos grises para ir a ver los cielos azules y respirar de verdad. Los que viven bajo el cobijo de los antiguos árboles no se percatan de esto y sólo aprovechan sus vidas de la manera en que pueden. La comida no es variada, los lugareños siempre ofrecen lo mismo para el gusto de la mayoría, la gente ríe, respira y busca desesperadamente señal de telefonía. Para fortuna o desventaja, no hay tal. El bosque y las montañas que han sido amenazadas tantas veces resguardan su ambiente. Estos bosques del ...