El Tiempo de Buen Humor
EL TIEMPO DE BUEN HUMOR Hubo unos días en que me fui de la ciudad, lejos, lejos. A Centroamérica con sus fronteras diminutas, a los colosos de los Andes, a los volcanes dormidos, al centro del mundo en el Ecuador, sólo porque había pasado demasiado tiempo sin escucharme a mí mismo. Fueron varios, suficientes para que cuando volviera la gente me contara cosas raras que habían ocurrido en mi ausencia. Dudé de sus palabras, luego de mis oídos y finalmente de la realidad misma. Me contaron que uno de esos días el tiempo amaneció de buenas. Y nadie hasta entonces sabía que semejante cosa tenía sentido del humor. Lo supieron cuando el amanecer se postergó más de lo usual; los tonos rojizos del cielo se prolongaron por horas sin que el reloj avanzara demasiado. Hubo tráfico como todos los días, pero nadie llegó tarde a su destino porque los minutos no avanzaban. Todos se miraban confundidos, como si estuviesen dentro de una gran broma. Los pájaros trinaban confundidos, volaban a...