Dafne Montufar (Parte 4)
Román Nava sonrió. Por un momento dejó la dureza de su porte y la miró tiernamente sin articular palabra. Sabía que el nombre de Dafne Montufar ya no se le iba a olvidar. Ya podía nombrar a la razón de sus alucinaciones, ya sabía que era real. Y ella lo miró también, demostrando fortaleza. Pero ella sabía que en su interior, sus ideas de obstinación estaban por desvanecerse. Finalmente no pudo más y soltó un suspiro suave y aliviado. Decidió preguntar con una voz suave y entrecortada: -Y bien, Román, ahora que sabes mi nombre, ¿qué harás?-. Román se quedó impávido y ninguna de las imágenes que transitaban por su mente se volvió palabra. Se produjo un silencio eterno de unos cuantos segundos. Él bajó ligeramente la mirada, acomodó su sombrero y la miró fijamente: -¿Qué haré? Darle nombre a mis pensamientos, un bello nombre, ya decía yo. Y encontrarte más seguido naturalmente. Esquivar los fantasmas de los caminos para encontrarte, porque sé que tú también dese...