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Mostrando entradas de agosto, 2016

Pasos de Baile

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PASOS DE BAILE Miraban el reloj con cierta angustia. Ambos se sentían ridículos por estar nerviosos de verse aquella noche. Cada uno pensó en cancelar el compromiso unas horas antes, por el puro temor, para aguardar cómodamente entre las sábanas viendo películas y tratando de evitar los pensamientos de qué habría pasado. Pero decidieron no huir de sus deseos. Néstor pasó por Denisse, con quince minutos de retraso a la puerta de su apartamento. Se vieron, sonrieron y voltearon ruborizados hacia un costado. Unas semanas antes habían sugerido, casi al mismo tiempo, salir a bailar una noche de jueves, después de salir del trabajo. La intención pudo quedarse ahí, pero ambos fijaron una fecha días después. Hablaban poco más allá de lo superficial y de las anécdotas, como viejos compañeros de escuela en el poco tiempo del que disponían. Se despedían cada vez con silencios forzados, con las palabras luchando por salir. Por eso aquella cita los ponía nerviosos. Ella renuente con to...

El Dorado

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Debo estar loco. Nunca creí en los golpes de suerte, ni en las cosas que parecían demasiado buenas. La vida no tiene que ser así. Pero aquí estoy, encerrado en una gigantesca bóveda de concreto y acero que encierra más oro del que jamás pude imaginar. Hay una ventanilla oscura a mi derecha desde que se ve una furgoneta oscura. A los costados hay cuatro hombres en el suelo, bañados en sangre. Lo vi todo desde aquí, fue hace cinco minutos. Dos tipos de facciones oscuras resguardaban la puerta que está debajo de la bóveda con rifles de asalto. Eran corpulentos, vestidos con gabardinas negras y mantenían un silencio sepulcral. Llegó entonces la furgoneta con dos hombres, que sin inmutarse descendieron del vehículo. Ellos saludaron a los guardias con sonrisas cordiales, pensé que vendrían a relevar su turno. Pero ellos volvieron al auto y tomaron un par de armas. Los guardias sospecharon. Sin decir nada, los de la furgoneta abrieron fuego, los otros respondieron. Fueron once se...

Lágrimas de Cocodrilo

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LÁGRIMAS DE COCODRILO Yo no he venido aquí a decir que lo siento. No tengo el ánimo de disculparme. Vine aquí al pantano porque no soportaba estos días recientes y no terminaba de entender los motivos. Es una especie de purificación, pienso; una manera de liberarme de ese aire enrarecido que amenazaba con destruirme. Este es un viaje que toma sólo un día. Volveré a casa como un hombre con la conciencia tranquila. Es inusual irse a purificar al pantano pero Óscar me lo sugirió, luego de que le comentara mis problemas en el almuerzo del lunes. Me dijo que ninguna iglesia o templo me iban a dar paz; tampoco algún spa, centro de meditación o chisme de cantina. “A ti, que estás que te mueres sin arrepentirte, te hace falta una tarde a solas en el pantano…o el tiempo que sea necesario”. Fue sencillo llegar a esta ciénaga abandonada que se extiende por unos cuantos kilómetros al este de la ciudad. Un poblador indiferente me rentó una lancha por seis horas a un precio módico. Me...

Creaciones

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CREACIONES Piensa, creador. Piensa demasiado. No te vayas, vuélvete una sombra de lo que eres. Cierra los ojos para mirar lo que creas, siente con delicadeza y brusquedad, sin distinguir. Sé dueño de tus pensamientos, aunque conspiren a tus espaldas. Dialoga con tus demonios, pide a tus ángeles que te desobedezcan de vez en cuando, de manera espontánea. No eres nada más lo que imaginas. Tus creaciones no te ven ni te juzgan; no te contemplan ni te detestan, sólo existen. A tu imagen y semejanza, a tu gusto, para complacerte y enloquecerte, para demostrarte que siempre están incompletas. La soberbia está en creerlos terminados, destinados a una sola cosa, condenados a ser materia inerte poseedora de tus manías. Toma, moldea, combina, mezcla, elimina, relaciona, opone...la materia está ahí. Antes que las manos, está tu cabeza y en ella gobierna el caos. Dicta orden con tu aliento, aunque sepas que mientes. Primero las cosas parecerán, luego serán. Vuelve loco al tiempo, det...

Diluvio

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DILUVIO Un día antes le habían preguntado sus motivos para amar la lluvia. Erol contestó  que le gustaba pensar las hileras de agua rompían el aburrimiento cotidiano e invocaban un caos que se volvía un deleite. Importaba poco el tráfico que hacía de la circulación vial un laberinto o los polvos amarillos ácidos que caían del cielo. El gusto individual podía más. Sin embargo, los últimos días habían sido de prolongada sequía. El calor era abrasivo, evaporaba motivaciones y temores; energías y delirios. Por eso las semanas eran tanto aburridas como fastidiosas, las pieles se habían vuelto escamosas, el pavimento quemaba más que la arena ardiente y los vendedores de agua embotellada ahora eran ricos como nunca. Pero aquella tarde el cielo dejó de ser azul. Un viento vertiginoso arrastró a la ciudad unas enormes nubes oscuras que se quedaron estancadas ahí. La gente miró hacia el panorama gris. Las sombrillas que llevaban algunas personas eran demasiado delgadas para un...