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Mostrando entradas de octubre, 2019

Otoño

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OTOÑO Ojalá fuera otoño más seguido. Que las estaciones fueran menos, o apenas diminutas, y que el equinoccio fuera el día de fiesta supremo, símbolo de la armonía que trae ese viento de un frío sublime como un soplo en el cuello. No es cualquier aire, ni cualquier aroma. Desearía que fuera así, porque podría encontrarte más, y daría igual que todo pareciera estático. Te hallaría a ti, y entonces los días podrían tener más aliento.  Sólo apareces en el otoño. Hueles a hojas secas, pero también a un embriagante aroma a mandarina recién cortada. Te distingo a la distancia, aún antes de verte. Conforme me acerco, reconozco tu silueta, inconfundible, que te hace ser de muchos lugares y de ninguno. Las ciudades, los parques y las plazas podrán ser muy diferentes, incluso los meses y los años, pero eres la única constante.  Voy persiguiendo tu silueta y te alcanzo entre los árboles. Las sombras parecen más prolongadas e intensas. Lo primero que veo es tu cabello delineando...

Lago Espiral: Parte II

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El niño se sumergió en el agua en un instante. Francisco sintió un vacío en el estómago. Se quitó los zapatos y saltó al agua también. Era un nadador experimentado que en sus años de adolescencia había retado al océano varias veces. Se sumergió y no halló rastro alguno del niño. El lago no parecía demasiado profundo, pero tenía una tenue zona de penumbra donde no entraba la luz. Salió para tomar aire, pero sintió que algo se había enredado en su pierna derecha.  Nadó con todas sus fuerzas, con la pierna casi inmovilizada. Era como si tuviera una cuerda atada en su tobillo. Cuando alcanzó la orilla, sintió como si jalaran su pierna con mucha fuerza. Se sumergió de nuevo, y logró notar que era: una gran alga que parecía como una enredadera acuática. La quitó con dificultad de su pierna y logró salir a la superficie. Aún agitado, notó que el alga flotaba en la superficie, y con la luz del día se iba oscureciendo.  Francisco corrió de nuevo lejos del lago. Se quedó sentado...

Lago Espiral: Parte I

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LAGO ESPIRAL Al sentarse en la banca del parque, Francisco sintió un escalofrío. Se acomodó de nuevo en el asiento, extrañado por la súbita sensación. No tenía mucho sentido, era una mañana cálida en que los rayos solares barrían sin piedad la superficie del parque y donde las pocas sombras de los árboles eran codiciadas por los visitantes. Pensó que quizás sería algún espasmo de estrés. Respiró, pero solo por unos instantes.  Un niño de piel pálida y ojos apagados con un peculiar saquito azul y pantalones cortos corrió delante de él, y luego volvió a la banca. No habló, pero lo miró intensamente por varios segundos. Francisco sonrió e intentó decirle cualquier cosa. Sintió un escalofrío de nuevo. En un parpadeo, ya caminaba al lado del niño, por una pendiente cubierta de pasto húmedo. Ya no era un día soleado. Las nubes grisáceas formaban un muro en el cielo. Delante de ellos, había un lago.  Las piernas de Francisco se movían casi mecánicamente. Tampoco podía habl...