Lluvia de Azufre
LLUVIA DE AZUFRE No soy capaz de verte a los ojos. Si lo hiciera, mi decepción te causaría insomnio por muchas noches. No te concedo tampoco palabras incendiarias. Te doy únicamente un silencio gris al que ya te has acostumbrado y que consideras muy normal en mí. Te doy una ausencia que tú supones mientras vas a trabajar cada día, para volver con un gran fajo de billetes. Y, dentro de mis propias contradicciones, aun dependo de eso. He visitado el ostentoso edificio donde se ubica tu oficina varias veces, aunque detesto ir. Se erige con una figura caprichosa e imponente sobre el cielo, como un gran puesto de vigilancia, como una insignia de poder para esconder los temores y para aparentar alcanzar el cielo, como la Torre de Babel. Siempre se les olvida que los terremotos lo tiran todo. No saben predecirlos. Usan sólo máquinas. Tú formas parte de ese orgullo. Eres partícipe de esas fastuosas letras patrióticas de oro que están por todas partes, de esos retratos mitológicos...