Fuegos
FUEGOS LST II La paz fue una ilusión. Llevaba varias horas sin sentir el paso del tiempo, aunque sabía que tendría que venir el final. No me importó el insoportable calor de la primavera. No sentía cosquilleos en el estómago tampoco. Ella caminaba a mi lado, y eso estaba bien. Las cosas parecían estar en orden. Cuando abordamos el metro sonreí para mis adentros sin saber la razón. Ella accedió a acompañarme por varias estaciones más, sin importar que tuviera que volver después. Sus pies marcaban un ritmo desconocido. Pasaron varios minutos de silencio hasta que seguimos platicando de los viejos tiempos. Ese lapso ambiguo en que solíamos vernos a diario, cuando ella solía ser un extraño oasis para mí. Y yo era un suspiro en su nuca. Esos días que habían muerto para bien. Le dije, por segunda vez: “Es bueno que estés aquí”. Sonrió, volvió el silencio. Por mi mente pasó un vago recuerdo de algo que le dije a una amiga cercana de aquel entonces: “sé que vendrá un futuro”. ...