Estigia
ESTIGIA Anoche bajé de nuevo al río que transita en las profundidades, en el abismo que se encuentra debajo de mi casa. Se ha vuelto para mí una rutina de cada madrugada, de vestirme en silencio para no despertar a mis padres o a mis hermanos y bajar a explorar ese espacio extraño y desconocido que antes no habría imaginado. Allá sólo encuentro el silencio, la humedad que a veces parece asfixiante y la sensación de que lo veo no habrá de durar para el día siguiente. No vivimos en una casa en medio del campo o en las profundidades del bosque, sino en una arteria más de la Ciudad de México. Por lo mismo, nadie me ha creído que podemos visitar un río subterráneo. “Si lo hubiera, ya se habría caído la casa” me dijeron en múltiples ocasiones. Les dije que era posible entrar en la noche, en un estrecho pasadizo que aparecía debajo de la escalera, detrás de esos archiveros que nadie toca desde hace años. Me han hecho creer que es pura alucinación mía. Descubrí la entrada una noc...