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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Quimera

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QUIMERA Te deshice en un instante. Aplasté tu recuerdo, lo pulvericé con mis dedos y dejé que el viento se lo llevase a quién sabe dónde. Disminuí tu voz hasta que quedó opacada entre todas las conversaciones que me rodeaban. Escribí tu nombre por última vez, en un pedazo de tierra seca con una rama: lo borré con una pisada, llevé la vista a otra parte. Orgullosos y triunfantes mis pasos. Fingí que me mirabas marcharme enaltecido.  Quizás a ti te importaba un carajo mi ritual y respirabas lejos de aquí. Tal vez dejaste sin aliento a alguien más: dejaste en su rostro púrpura una sonrisa bien dibujada. Lo condenaste a la perdición y él aceptó. Y yo podría aparecer como un enviado del futuro a advertirle de ti: jamás me creería, me llamaría miedo. El atardecer violento y rojizo que espanta a las nubes me recuerda a tu mirada: profunda, inteligente, bella y cruel. Recorro las hileras de árboles frente a mí con pasos inciertos, como una última memoria del devaneo de tus ...

Fin de la Estación

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FIN DE LA ESTACIÓN Mi hermanita me dijo ayer, con tristeza, que el verano había acabado. Yo le dije que no tenía de qué preocuparse, algo bueno debía tener el otoño. No sabía cómo decir qué estábamos en verano cuando hacía apenas dos semanas una granizada descomunal había caído en las calles y había cubierto ventanas, puertas y jardines. Parecía Suecia, ¿dónde estaban en ese momento los tan anhelados rayos del Sol? He de decir que últimamente a la mayoría nos importa un carajo qué estación del año estamos pasando. Un día el calor pretende evaporarnos y al otro la lluvia hace de los autos, lanchas. Tomé el libro que había estado viendo esa tarde y vi la ilustración a doble página que correspondía al verano: todo apacible, tranquilo, sonriente, bello… ¿en qué parte del mundo existe eso? Después de la cena, me voy a mi cama, con desgano y deseos de alegrarme. Llevo varias madrugadas con un terco insomnio. El frío se cuela entre las cobijas y me llena el cuerpo de escalofríos...

Zócalo

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ZÓCALO Esteban da un paso, otro más y tropieza violentamente con un agujero en el suelo. Su precario equilibrio evita que su cara termine en el piso. Tiene la mirada perdida, la camisa a medio abotonar y el cabello alborotado. Su corbata se perdió en alguna parte junto con sus pensamientos coherentes. Los efectos del alcohol lo han llevado hasta el mismísimo Zócalo, a la una de la madrugada. Esos amigos que acaba de conocer y que lo invitaron a un bar oculto entre los edificios coloniales lo abandonaron a unas calles de ahí, con la promesa de que llegaría bien a su casa y de que en un momento se le pasaría el efecto. Sabe que es mentira y que el viento helado termina por incrementarle la sensación de mareo. En su mano sostiene un doblado y mugriento boleto del metro que resulta ser su único salvavidas luego de haber perdido todo su dinero. Sus pasos vacilantes lo llevan hasta una de las entradas para darse cuenta de lo lógico: hace una hora que acabó el servicio y las rej...

Brisa Veraniega

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BRISA VERANIEGA Ella posa su mirada en la ventana de su habitación. Ve su tenue reflejo en el que resaltan sus profundos ojos castaños. El cielo luce desencantado, con unas cuantas nubes blancas en un movimiento perezoso; a lo lejos se ve un mar intensamente azul en calma. Son las cinco y media. Es una tarde que parece detenerse a ratos y que revive por el delicado aroma de la brisa marina tropical. Está cansada de esperar a que suene el timbre de su casa para salir con ese sujeto que conoció hace un par de semanas y que prometió llevarla por un helado. Quisiera sacar a relucir su orgullo y decir que le importa poco su ausencia, pero había esperado con ansias ese día. Ya no tenía caso pensar en él ni tampoco en lo que podría haber sido esa tarde. No habría risas espontáneas, acercamientos suspicaces ni besos de despedida. Quiere escuchar algo de música pero ninguna canción le satisface y decide quedarse en silencio. El espejo le muestra su gesto decepcionado pero también ...

Apeirón: Caos Infinito

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APEIRÓN: CAOS INFINITO  Hay un lienzo blanco tejido tendido sobre una mesa y sostenido de forma improvisada; no hay nada en él. Al lado casi burbujean unas pinturas de tonos oscuros recién preparadas y unos pinceles viejos. Ella contempla la escena, se detiene a pensar y trata de visualizar los trazos antes de empezarlos. No lo consigue, sabe que si se deja llevar, no habrá arte sino destrucción. No es que ella no crea en el caos: la ha inspirado la mayoría de las veces. Pero en todas las anteriores ha construido a partir de ese desorden. Sabe perfectamente que está sumida en un gran conflicto. Esa tarde huyo de sus amigos en la escuela y trató de dormir en el camino de regreso para tratar de reprimir el pensamiento. El único consuelo era llegar a desquitarse con sus pinturas, pero ahora todo parece incierto. Decide empezar, a pesar del temor de que el lienzo acabe roto. Toma un pincel, elige el color negro y traza una diagonal desequilibrada. Era demasiada pintura, e...