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Mostrando entradas de diciembre, 2015

Invierno

INVIERNO Pieni: Oscuridad y Amor A ella, con toda mi fascinación, por si se da cuenta ¿Qué pensarán los árboles de todo este silencio? Es una mañana de viernes, son las últimas semanas del año. Unas nubes oscuras pero tenues cubren el cielo, parecen ajenas al viento. Son casi las ocho y nadie deambula por este camino que, para mi desgracia, tiene fin. Mis pensamientos me absorben, no siento ya mis propios pasos. Algo me causa un sobresalto: eres tú, pedaleando en una bicicleta. Me saludas y te vas lejos, como siempre. No quiero seguir tu camino, aunque me causa curiosidad. Dejarte ir sin hacer o decir nada es algo tan cotidiano como el café para despertar. A veces siento que voy a explotar de tantas palabras acumuladas; entonces te hablo de cualquier tontería y me río, no de ti, sino de las circunstancias que nos tienen aquí, de la historia confusa que hemos trazado estos meses. Otras, como esta ocasión, que veo tu silueta mimetizarse con el horizonte, prefiero conserva...

Instantes Mágicos (Gol)

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INSTANTES MÁGICOS A Gol, mi querido hermano Tengo frío. Esa es la sensación mínima de la que podría preocuparme en estos momentos. La soledad pesa más. Hay un vacío en el estómago y, en realidad, en todo el cuerpo. Con dificultad puedo mirar hacia arriba, contemplar ese cielo estrellado que yace impasible sobre mí y que absorbe mi presencia. El viento agita mi cabello, las lágrimas se vuelven heladas. Es el miedo aquello que nos mantiene inmóviles ante el peligro o que nos hace correr en dirección contraria a donde deberíamos. Lo que nos hace caer en tormentas cada vez más grandes y perder el rumbo entre torbellinos que no entendemos. Pero si el mundo está equivocado, ¿quién vendrá para decirnos lo que está bien, lo que vale la pena? Vivimos en el reino de la duda, sólo para seguir caminando hacia atrás. No es tan fácil perdonar los errores propios y los ajenos en un mundo en el que nadie quiere que las olas borren sus huellas de la arena. La debilidad y la fortaleza ...

Andurin y el Marinero a la Deriva

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ANDURIN Y EL MARINERO A LA DERIVA Capricho Creativo… Me siento desorientado. Desperté hace unos minutos luego de darme cuenta de que estaba tirado en medio de un pequeño embarcadero. Era de madrugada. Los bullicios que escuché a lo lejos me hicieron pensar que estaba en el puerto donde había arribado mi barco. Que aparecer ahí era producto de la juerga con mis compañeros, que me habían abandonado intencionalmente ahí a manera de broma. Pero no era así. Me encontré primero con que ya no había ningún barco, sólo pequeños botes y yates que reposaban entre unas aguas que apenas se movían con el aire. El mar no era así, al menos no el que conozco. Luego, al acercarme al bullicio, me di cuenta que era un pueblo con un serio complejo de identidad: quería caer en la urbanización, quería aparentar ser un puerto y a la vez conservar su aire tradicional. No conocía ese lugar. Di varias vueltas en el astillero y no supe del paradero de mi barco. Nadie parecía haberlo visto. No duda...

El Último Idilio

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EL ÚLTIMO IDILIO Resquicio Natura Llegaron esos días en que las noches dejaron de ser para dormir en la ciudad. Las luces jamás se apagaban. Las horas de la madrugada eran vistas por ojos cansados y deslumbrados, condenados a una ceguera temprana. Los despertadores desaparecían. Las camas amanecían frías, en perfecto orden. Las cafeteras no dejaban de trabajar. Las pastillas energéticas se consumían más que los chicles. Los paros cardíacos se multiplicaban; eran los únicos capaces de provocar un alto, de sugerir un descanso. Paul acababa de pasar por uno. El descomunal dolor en el pecho lo hizo caer tendido de manera fulminante, debajo de su escritorio, como impactado por un rayo. Sintió la potencia de su respiración desesperada. Lo atendieron rápidamente, perdió la conciencia y despertó en un hospital. Más allá de llenarlo de pastillas y tratamientos cardiológicos, le habían exigido que durmiera y diese descanso a su cuerpo, algo que hacía, de mala gana por una o dos h...

El Silencio Inducido

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EL SILENCIO INDUCIDO El Abandono Mi voz se congeló, se hizo diminuta y se volvió un silbido inaudible para todos, incluso para ella. El movimiento de mis labios reproducía un silencio desesperante que me causó una súbita ansiedad. El frío se apoderó de mis brazos desnudos, antes tan cálidos. No pude cubrirlos. Sólo la escuchaba a ella, a su sucesión infinita y demoledora de palabras. Aún no es invierno. El 22 de diciembre no se adelanta sólo porque las tiendas comerciales se cubran de nieve falsa; quieren asemejar un recinto de guirnaldas y pinos con raíces en los mosaicos del piso. Los días cálidos, que parecen de marzo, aún no se van. Lo único que delata las últimas semanas de un otoño indiferente son las hojas secas que adornan los jardines, aquellas que son consumidas entre las pisadas y el viento. La huida de mis palabras no le molesta. Observo la ira en sus ojos, en los movimientos impacientes de sus manos, en el pequeño vacío que forman sus cejas, en las lágrimas...