Invierno

INVIERNO
Pieni: Oscuridad y Amor

A ella, con toda mi fascinación, por si se da cuenta

¿Qué pensarán los árboles de todo este silencio? Es una mañana de viernes, son las últimas semanas del año. Unas nubes oscuras pero tenues cubren el cielo, parecen ajenas al viento. Son casi las ocho y nadie deambula por este camino que, para mi desgracia, tiene fin. Mis pensamientos me absorben, no siento ya mis propios pasos. Algo me causa un sobresalto: eres tú, pedaleando en una bicicleta. Me saludas y te vas lejos, como siempre.

No quiero seguir tu camino, aunque me causa curiosidad. Dejarte ir sin hacer o decir nada es algo tan cotidiano como el café para despertar. A veces siento que voy a explotar de tantas palabras acumuladas; entonces te hablo de cualquier tontería y me río, no de ti, sino de las circunstancias que nos tienen aquí, de la historia confusa que hemos trazado estos meses. Otras, como esta ocasión, que veo tu silueta mimetizarse con el horizonte, prefiero conservar un silencio valioso…el agrado tan grande que me causa tu sola presencia.

Mis pasos este día no tienen un destino fijo. Podría ir a tantos lugares distintos que no soy capaz de decidir. Pero tengo mucho camino para saber a dónde voy. Me gusta pensar eso aunque sé que las distancias suelen ser efímeras en los mejores momentos. Pienso en ti, en tu adorable mal genio por no dormir y en lo que se esconde detrás de tus sonrisas espontáneas.

¿Qué haría un hombre estructurado y conservador contigo? Irse mucho al carajo. Eres tan impredecible como para ir contra mi propia lógica, para deshacer mis visiones, plantarme en el suelo, causarme decepciones y sorpresas minúsculas sin darte cuenta…alimentar tantas interpretaciones de ti como reflejo de caos.

 Como un niño curioso he tratado de deconstruirte decenas de veces, para intentar explicarte. Siempre he fallado porque nunca acabo de conocerte. Te he visto como un libro cubierto de palíndromos, originales y diagonales. Sí, a ti, mujer, se te puede leer de muchas formas. Todo detrás de una sencillez aparente, como una isla que esconde un volcán submarino. Así me enamoré de ti.

Por eso contigo no funciona ninguna de esas ridículas formas de las medias naranjas y los polos opuestos. A ti no te van las rosas ni los corazones. A ti te va esa libertad que cuidas tanto, tus misterios instintivos y esa oscuridad tan atractiva; tus palabras fluyendo, los momentos en que has dicho de más, los otros en que el tono de tu piel claroscuro se ruboriza cuando te veo a los ojos.

Los días transcurrían demasiado rápido. Las respuestas llegaban demasiado tarde. Te mantenías inquebrantable, frígida, con tus puntos débiles ocultos. Después de tantos meses, algunos indiferentes y otros plagados de amoríos fallidos, aquí estoy, otra vez pensando en ti. Con la intensidad de la incertidumbre que genera un amor enigmático.

*   *   *

La luz del Sol toca mi cara, me despierto rápidamente. Los vestigios oníricos aún me causan confusión. Caigo en cuenta de que es julio, son vacaciones, son las 9 de la mañana y lo más importante…no estoy en una parada de carretera, por lo tanto, aquella fantástica visión no es más que otro de esos sueños tan placenteros como dolorosos.
Ahí estábamos, a mitad de la carretera, el autobús que nos traía de regreso de un viaje corto se había detenido para que la tripulación se dispusiera a hacer sus necesidades de viajeros. Me había quedado platicando con mi amiga en una de las orillas, mirando el bosque frío y la silueta del Popocatépetl a lo lejos. Hasta que ella se fue.

Y se fue, porque llegaste tú. Platicamos de cualquier cosa del viaje. Sin darnos cuenta, yo estaba recargado en una barra de contención metálica y tú enfrente, a centímetros. 
Te acercaste lo suficiente. ¡Al fin ocurría ese beso tan esperado! Tus labios eran tan tersos, envueltos de una pasión sutil. Todo tan caótico e impredecible, digno de ti.

Por eso despertar fue tan cruel. Lo único que me besó fue ese inoportuno rayo solar que se coló entre mis persianas. Pero lo había sentido. Mis deseos son confusos, quizás podrías un día enseñarme a conocerlos. Sólo me queda el consuelo de ciertos momentos agradables, de saber que en momentos aleatorios del día me llegarán sus mensajes. Nada más.

No habré de contarle este sueño a nadie, por aquello de que se cumplen si se cuentan, o, ¿se podía después del mediodía? Quién sabe, mejor no lo hago. Espero que por escribirlo no ocurra lo mismo. Todo eso pudo haber pasado meses atrás. Quizás sólo fue un resquicio de mis propios deseos, que se había negado a salir. Hubo un viaje, tuvimos momentos agradables, buscamos estar juntos y al final sólo quedó la dicha de que todo eso ocurrió.

Me pongo de pie y me dirijo hacia uno de mis muebles. Toco la roca volcánica con forma de meteorito que suelo usar como inspiración. Luego tomo entre mis manos una de esas pequeñas conchas que recogí en la arena de Veracruz, hace unas semanas. Es de color profundamente oscuro y su interior es de color perla. Si la pongo en mi oído, no escucharé las olas. Pero me recuerda a ti. Así de inusual pero interesante eres. Conocerte es como aprender un nuevo lenguaje.


*   *   *

Tuvo que pasar casi un año desde que te conocí. Contigo dejar fluir las circunstancias era lo mejor. Ahora estás dormida, recargada sobre mi pecho y mi brazo abrazándote, en una posición tan incómoda como para ya no sentirlo. Soy tan meticuloso con los detalles como tú con tu nueva pasión por las noches estrelladas. Por eso quiero recordar en estos instantes ese día, como un buen cortometraje que se ve una y otra vez.

Llegó el día en que me descubriste sin mucha certeza. Jugué con tus sospechas por diversión, a pesar de que mi pulso parecía delatarme. Finalmente tu habilidad consiguió acorralarme. Te dije la verdad. No fue el momento de los arcoíris. Aún estabas asustada, de tus propios deseos y preocupaciones. Te miré a los ojos, profundamente. Dije algo que no consigo recordar. Lucías escéptica, tus manos estaban frías y temblaban. Las mías más. Sólo te abracé fuerte.

Volteo a ver mi reloj, al lado de tus lentes. Está detenido. Suspiro. Ha pasado quien sabe cuánto tiempo desde entonces. Nuestra libertad y nuestras experiencias son igual de intensas. Antes soñaba con largarme contigo a algún viaje a un sitio indefinido para no volver. Los paseos, citas y salidas espontáneas han tomado su lugar. Nos hemos reinventado tantas veces para aprender a vivir en este mundo, para no consumirnos.

Tantas veces hemos pensado, por separado, que un día todo este amor habrá de hundirnos, de destrozarnos. Es un temor latente, ridículo y humano. Nos hemos atrevido a no decir “para siempre”, para tratar de entregarnos el presente que nos gusta compartir en una atmósfera de confianza, ternura, deseo, misterio, curiosidad y risas de nosotros mismos. A veces nos asustamos de nuestro vínculo, en otras nos entregamos a él.

Por tu respiración, similar al vaivén de las olas, sé que ya vas a despertar. Sigo como un especialista con la encantadora tarea de conocerte. Acaricio tu mano y la aprieto con suavidad, como diciendo que el pasado no habrá de alcanzarnos. Tu belleza me sigue cautivando, tu cabello oscuro y tus labios coquetos. Cuando despiertas me encuentras con una mirada ridícula de felicidad.

*   *   *

Nadie puede huir de lo evidente. Te he escrito tantas veces y por fin siento que lo he hecho bien. He aprendido a disfrutar tu compañía, tus palabras, tu espontaneidad, tu incertidumbre. Quise alguna vez que tu existencia fue intrascendente para mí, pero fue imposible. Al hablar de ti, digo que no sé lo que pasará y que no tengo planes al respecto. Sonrío con ironía. A veces pienso que puedes hacerme ser todo lo que no soy. Y viceversa.

Por eso no me preocupa el tiempo contigo. Te doy respuestas largas, como a nadie se las doy. Te pongo mi enamoramiento entre líneas, jugando con las palabras y con el curso de las cosas. Te revelo detalles secretos, te recuerdo en la soledad que a veces producen las fiestas y saboreo tu nombre entre varias de mis canciones favoritas.

Ahora estoy frente al océano. Se acaba el año y te extraño. No pensaré demasiado en lo que pudo haber sido ni en si volveré. Tampoco pondré tu nombre sobre la arena. No pediré olvidarte como un acto de cobardía contra aquello que no sé dominar. Simplemente desearé que hagas eso que haces tan bien: superar mi propia imaginación.



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