El Director
EL DIRECTOR Vuelve a acomodarse en su silla cuando la puerta que está enfrente de él se cierra. Siente que el traje le aprieta un poco, pero no demasiado. Tiene las cosas que necesita, bien organizadas, en un gran escritorio que intercala madera y cristal. Notas dispersas y fotografías con personas que cualquiera reconocería en un segundo. Su nombre escrito y reluciente en una superficie metálica. Está en su oficina, en su trono. Ladea la cabeza y hace un gesto que revela toda la soberbia que lo acompaña desde que despierta hasta que se queda dormido en el sillón viendo televisión. Su celular suena, tal y como lo hace cientos de veces en el día. Se da el lujo de ignorar, mentir o persuadir en cada llamada y cada petición. Él se siente importante, los demás lo aceptan. Sabe que tiene poder: se enorgullece, se regodea y lo presume cada que quiere. Las “pequeñeces” que lo hicieron temer tanto en el pasado ya no tienen lugar porque ahora nada podría derribarlo. Se siente feli...