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Mostrando entradas de julio, 2018

Cacao

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CACAO *   *   * Ella tiene la piel de un cacao exótico que sólo he visto una vez en la vida, en las selvas del sur. Es de tonos más suaves, apiñonados; conserva el aroma húmedo y tropical, pero es de un sabor tan agridulce como picante. No se agota: ni con los látigos de los días, ni con las consecuencias de las interminables comidas en las que sus hombros huelen a pimienta. Desafía al tiempo, a la absurdez de los adjetivos y la inconsistencia de los sustantivos. Quizás nuestros labios merecen el castigo de la sequía; en cambio, recibimos la lluvia cálida bajo las sábanas que no distingue estación ni hora del día. Ella tiene nombre de flor atormentada, que se esconde entre las sombras pero a veces reluce frente a las vistas ajenas sin ser tocada. El espacio de los dos es uno sin leyes constantes ni consuelos apacibles, sin tiempos gobernables y con un vacío alrededor que parece infinito. La materia tiene límites, pero el vacío no. Escucho su voz hablando de c...

Gritos

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GRITOS La primera vez que Dave leyó de la Cañada de la Desgracia fue en un comentario en uno de sus videos en YouTube. Llevaba un par de años invirtiendo su tiempo libre en producir y subir contenidos audiovisuales un tanto improvisados a un foro digital acerca de temas paranormales, relatos siniestros, leyendas urbanas e historias fantasiosas de cualquier cosa que oliera a misterio. Sus publicaciones gozaban de muchas reproducciones, a pesar de que sus grabaciones solían ser borrosas. El comentario era largo, pero generaba interés. Hablaba de un lugar entre las serranías infinitas de Guerrero y Michoacán que era una auténtica puerta al Infierno a cielo abierto. En aquel lugar la tierra ardía desde las rocas hasta la tierra tropical, las plantas mostraban indicios de quemaduras pequeñas, prevalecía un olor a azufre y, sobre todo, los gritos de desesperación por inimaginables tormentos ocurrían todo el día. Los pobladores habían dado por muertas esas tierras y preferían no a...

El Valle de las Lagunas Negras

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EL VALLE DE LAS LAGUNAS NEGRAS Él caminaba por un parque pensando en el sentido de su vida, como cualquier persona de su planeta. Avanzaba tranquilamente sobre los caminos de tezontle rojo escuchando sus pasos, mirando los árboles florecientes por el exceso de luz de mediodía y deteniéndose cada cierto tiempo a cavilar alguna idea oportuna. Era un hombre de mediana edad, con dos hijos a quienes veía cada domingo y que tenía una irresistible manía por coleccionar fotografías de periódico, con las que formaba auténticos murales de rostros. Trabajaba como supervisor en una fábrica, pero jamás había abandonado los paseos vespertinos. Hasta que ocurrió. En un instante desgraciado tropezó con una piedra gris de rayas negras y cayó rápidamente al piso sin poder meter siquiera las manos. Sintió el dolor de las pequeñas piedras del camino clavadas en su cuerpo, sobre todo en su cara. Alcanzó a abrir los ojos, confundido. Los cerró poco después y perdió la conciencia. Quienes camin...