Cacao
CACAO * * * Ella tiene la piel de un cacao exótico que sólo he visto una vez en la vida, en las selvas del sur. Es de tonos más suaves, apiñonados; conserva el aroma húmedo y tropical, pero es de un sabor tan agridulce como picante. No se agota: ni con los látigos de los días, ni con las consecuencias de las interminables comidas en las que sus hombros huelen a pimienta. Desafía al tiempo, a la absurdez de los adjetivos y la inconsistencia de los sustantivos. Quizás nuestros labios merecen el castigo de la sequía; en cambio, recibimos la lluvia cálida bajo las sábanas que no distingue estación ni hora del día. Ella tiene nombre de flor atormentada, que se esconde entre las sombras pero a veces reluce frente a las vistas ajenas sin ser tocada. El espacio de los dos es uno sin leyes constantes ni consuelos apacibles, sin tiempos gobernables y con un vacío alrededor que parece infinito. La materia tiene límites, pero el vacío no. Escucho su voz hablando de c...