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Mostrando entradas de 2016

Contrapunto

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CONTRAPUNTO Miranda Darío piensa demasiado en dar la explicación correcta o más próxima a la verdad a la pregunta que le acaban de hacer, pero divaga. Imagina algunas posibilidades, todas ridículas. Observa al horizonte cercano, el gigantesco palacio blanco que se encuentra al otro extremo del parque central de la ciudad, aquel que ha visitado tantas veces en distintos momentos, solo o acompañado. La gente camina con ritmo presuroso, los vendedores buscan clientes potenciales entre las parejitas ahí sentadas, al bullicio de las voces le acompaña el de las fuentes que emergen del suelo. Siempre ha sido complicado para él explicar cómo conoció a Miranda; quizás porque es tan inusual y circunstancial que parece difícil de creer. Incluso su escepticismo acerca de la existencia del destino disminuyó con el tiempo. No recuerda la fecha exacta pero habían pasado al menos cuatro años. Él, por curiosidad, había perseguido un gato pardo entre los callejones de una colonia desconocid...

Ilusiones del Vacío

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ILUSIONES DEL VACÍO Hoy culmina el invierno y ya ha pasado un año. Te escribo desde una banca de piedra, en un parque, iluminado escasamente por una luminaria que tintinea a ratos. Es verdad que no tuve el coraje de decir todo esto frente a ti, pero aun así sentí la necesidad de expresarlo de algún modo. No te evité por cobardía, simplemente fue porque no deseaba verte. No necesito dolor innecesario en estos días, tampoco tus palabras o gestos confusos. Fuimos una historia inventada, una ilusión que nunca fue. Te escribí cientos de veces antes en muchos meses, ¿recuerdas? A veces fingías que no era para ti y disimulabas adivinar. Escuchaba tus palabras, la verdad estaba en nuestros ojos. Nos separábamos por cortos intervalos para después volvernos a encontrar. Nos queríamos sin decirlo. ¿O yo sólo imaginaba que me querías, que teníamos un amor inconfesado? Todavía tengo mis dudas. Nada era suficiente. Temía estropear todo contigo por creerte demasiado perfecta, a veces i...

Cangrejos

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CANGREJOS Anoche soñé que era un cangrejo. Lo supe cuando alcé mis tenazas relucientes y me contemplé en un pequeño charco marino sobre la arena de una pequeña playa. Después pude contemplar una vista desde arriba, como si un ave me compartiera su vista. La parte superior de mi coraza era blanca, pero los costados de colores naranja y azul intensos. Caminaba de lado o hacia atrás con gran facilidad. Las olas alcanzaban a mojar mis patas mientras me dirigía a unas rocas cercanas. La playa frente a mí lucía inmensa y mi destino se veía distante. El sonido del océano era estruendoso pero tan vital como el aire. En lugar de mis pensamientos humanos habituales y confusos, por mi mente sólo transcurrían escenas mínimas, ideas claras, la sensación del hambre y el instinto de donde saciarla. Olvidé mi nombre por instantes, porque eso dejó de importar. A lo lejos veía a otros de mi especie, con un andar más acelerado que el mío. Me miraban con indiferencia. Cuando me acerqué a la...

Daimón

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DAIMÓN Dicen que la paz llega cuando uno es capaz de escucharse a sí mismo sin sentir temor o ganas de censurar los pensamientos propios. Al fin me ha ocurrido a mí, después de esos meses y años de incertidumbres, de ansiedad permanente y apatía generalizada frente a una vida que no entendía. Todo eso terminó. A mis pocos o muchos 18 años, me siento pleno. Estoy sentado en el metro, sin compañero a mi lado, pensando en qué haré al llegar a casa. Tengo sueño, pero creo poder resistirlo. Leí alguna vez que Sócrates tenía un demonio personal con quien dialogaba y le servía de inspiración en ocasiones, en momentos de soledad. Era un compañero intangible que iba y venía a capricho propio o del filósofo mismo. Al pensar en él, lo imagino como un hombrecillo diminuto, transparente, de rostro escéptico y voz aguda que camina por todas partes sin rumbo fijo mientras pronuncia discursos que parecen interminables. No sé por qué lo recuerdo, mi mente suele divagar. Después de unos m...

El Tiempo de Buen Humor

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EL TIEMPO DE BUEN HUMOR Hubo unos días en que me fui de la ciudad, lejos, lejos. A Centroamérica con sus fronteras diminutas, a los colosos de los Andes, a los volcanes dormidos, al centro del mundo en el Ecuador, sólo porque había pasado demasiado tiempo sin escucharme a mí mismo. Fueron varios, suficientes para que cuando volviera la gente me contara cosas raras que habían ocurrido en mi ausencia. Dudé de sus palabras, luego de mis oídos y finalmente de la realidad misma. Me contaron que uno de esos días el tiempo amaneció de buenas. Y nadie hasta entonces sabía que semejante cosa tenía sentido del humor. Lo supieron cuando el amanecer se postergó más de lo usual; los tonos rojizos del cielo se prolongaron por horas sin que el reloj avanzara demasiado. Hubo tráfico como todos los días, pero nadie llegó tarde a su destino porque los minutos no avanzaban. Todos se miraban confundidos, como si estuviesen dentro de una gran broma. Los pájaros trinaban confundidos, volaban a...

Teocali

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TEOCALI A mi tía Marcia, con tres años de tardanza  Pensar en los días viejos a veces punza mientras la tarde se desvanece. El sonido del viento moviendo la gran palmera que hay a mis espaldas y la exuberante vegetación es inagotable, me arrulla en pensamientos ociosos, ligeros. El sudor incrementa, he perdido la cuenta de cuantos mosquitos he ahuyentado ya. De lejos llega el escándalo de los perros y de las bocinas en las casas. Los segundos transcurren como suspiros lentos. Reina una soledad extraña, falta algo importante. Las balas no han callado el cálido bullicio de Acapulco, tan cercano y tan ajeno a mí a la vez. Quizás todos hagan tanto ruido porque le temen al silencio de los cerros contiguos, aquellos que reciben con sutileza el aroma y ritmo del mar para luego mezclarlo con el de la tierra tropical. Pero una esencia espiritual está en el olvido, oculta entre la maleza y el andar caprichoso de lagartijas e iguanas entre casas y rocas. Hace falta ella con s...

Copenhague

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Los días oscuros no son infelices, no para ellos. Betsy va recargada en el hombro de Otto, con los ojos cerrados. Ambos están sentados en un vagón de un tren gris de alta velocidad que está por arrancar e irse las afueras de la ciudad. Atrás ha quedado el pequeño paseo por el muelle de Nyhavn, porque el Sol se ocultó demasiado rápido. Es normal en estos días de invierno. Él ya no siente el frío, pero ella todavía. Por eso se acurruca con mayor cuidado. No quiere dejarlo ir. Otto sólo contempla la escena reflejada en la ventana, como si se tratara de un instante congelado sobre el que corre el viento. Las personas de asientos cercanos hacen poco ruido. Se siente más conmovido por esos segundos que por las auroras boreales de la semana pasada. Le intriga sentir la misma emoción adolescente que años atrás con ella. A ambos les gusta ser inmaduros, jugar a ser bobos, sorprenderse con cosas pequeñas y reír sin dar explicaciones. Copenhague es una ciudad oscura en los días de frío...

Niebla Amarilla

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NIEBLA AMARILLA Hoy desperté con humo cubriendo mi cara. Mis ojos secos intentaron derramar lágrimas, pero sólo ardieron. Tosí sin control por varios minutos. Noté que por descuido había dejado la ventana abierta. Ya era de mañana, pero era difícil notarlo. Desde hace muchos días que nadie puede ver un amanecer soleado. La noche muere para dar paso a una oscuridad tenue, inconsistente, de nubes que parecen condenadas a no moverse y a reorganizarse con el escaso viento que de vez en cuando nos llega de las montañas. No sentía que pudiera levantarme. Mis pulmones se expandían y contraían sin control buscando un poco de oxígeno, el pulso era débil. Pensé que importaba un carajo llegar tarde al trabajo con tal de llegar bien. Sabía que de todos modos el tráfico no me ayudaría; no quería desfallecer sobre el volante mientras una hilera interminable de autos descargaba su ira con sus cláxones. Recordé a mis hijos, que para esas horas se dirigían a la escuela, llevados por su madre...