Plaga
Deberíamos sentirnos más a salvo. La gente lo pidió después de la ola de crímenes que llevaba más de diez años y que más bien parecía huracán permanente. Vinieron y desaparecieron los vengadores anónimos a deshacerse de ellos en momentos precisos. Los demás les aplaudían, mientras huían de la escena del crimen. Recordaban en sus mentes los rostros del “justiciero” del día, les contaban a sus familias del incidente. Y al final deseaban ser como ellos. Yo se los dije, no me bajaron de pendejo. Había algo sospechoso en todo esto. De pronto veíamos muchos anuncios o escenas en series y películas con armas empuñadas por civiles, con las que protegían a sus familias, parejas o a sí mismos de los oscuros criminales que asolaban la ciudad. Aparecían súper policías que todo lo sabían y que daban con el culpable a la primera. Se volvieron masivas las imágenes de ladronzuelos abatidos por las calles, como si la plaga que nos invadía comenzara a caer. Y luego vino la demanda social al...