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Mostrando entradas de 2017

El Pozo de las Serpientes

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EL POZO DE LAS SERPIENTES Salí a tomar un poco de aire sin temor a enfermarme, en las pequeñas escaleras que dan a la calle. Ya no hay frío en la noche, sólo un bochorno extraño que me hace pensar que no hay estaciones, como cuando era niña. Mi familia aguarda al interior, mis hijos están preparando la cena de navidad, después de amenazarlos con dejarlos sin comida y de dejar esperando a los repartidores si pedían comida por internet. Necesitaba un respiro y pensar en nada. No pienso en el cariño festivo ni en el cansancio, sólo siento que hay algo extraño en el aire.  Escucho que arrastran un costal, pero no hay nada alrededor. Busco el sonido entre la calle, apenas iluminada por los faroles decadentes de este barrio de Saint-Étienne. Al fin distingo a alguien que se arrastra por la acera lentamente, con dolor y pesadumbre. Camino para atrás, asomo la vista. Lo conozco, es uno de mis vecinos. Tiene la cara des hecha , ensangrentada.  M e acerco a él, p resur...

Escalofríos

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ESCALOFRÍOS Goosebumps  Empecé a temblar de frío súbitamente. Me metí en la cama y me cubrí tanto como pude. La noche había descendido muy rápido, porque así terminan los días en invierno. Las cobijas no me quitaron los escalofríos sino que parecieron aumentarlo. A pesar de que helaba afuera, me di cuenta de que eso no era el motivo de mi agitación. Era tu ausencia, y ya no era consciente de cuánto tiempo llevaba así.  Vivía una contradicción: la lejanía de tu piel era la que me producía escalofríos, pero el instante mismo en que me tocaba s también . El amor vuelve intrascendentes las sensaciones del clima: por eso en la costa soportan dormir con los cuerpos pegados en una hamaca y en los bosques habrá quienes presuman jamás haber pasado una noche fría. Por eso las estaciones iban y venían mientras nosotros seguíamos. Cada época del año tenía su luz, su oscuridad, sus claroscuros y sabores.  No habrá café ni placer oculto que te saque de mis pensami...

Desvanecer

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DESVANECER Me di cuenta de que el año se terminaba y que cada vez menos cosas me importaban. Mi edad era relativa, mi vida se medía por los días perdidos y el humo eterno que parecía girar en torno a mis ojos. El trabajo había dejado de ser molestia para pasar a ser un espacio vacío de voces y tareas que nunca terminaban. La tarde del miércoles, que había sido mi infructífero día de descanso, quise dar un paseo después de comprar fruta en el mercado. No me apetecía quedarme a mirar videos en mi celular por horas, como de costumbre. Mis músculos pedían moverse un poco. Caminé cuesta arriba, hacia la carretera vieja donde aún permanecía un mirador, que había sido abandonado y en el que ya nadie quería poner un puesto. Las autopistas matan los caminos tradicionales, y los condenan a la tristeza del olvido conservando en el asfalto toda su nostalgia. Las tormentas invernales habían parado ese día: teníamos un respiro para no sentirnos congelados todo el día, con una lluvia fría i...