Alberca
Alberca Mientras caminabas hacia el Malecón recordaste el momento en que se empezó a joder todo. Pero una parte de ti decía que más que jodido te sentías redescubierto. Esa ansiedad que no te daba tregua ni en el desayuno y en la cena; esa inquietud que mantenía tus ojos en un letargo líquido durante las noches donde escuchabas un sinfín de voces escupiendo los pensamientos del día y veías líneas blancas que fluían como serpientes. Sabías que quizás todo estaba mal, pero no hacías nada por evitarlo. Caminabas y tu historia le era indiferente a las familias que paseaban en esa tarde de vientos frescos y aromáticos. Entre las construcciones blancas y la brisa marina sentiste frío. Miraste buscando piedad en el horizonte, como si la visión te devolviera una pizca de paz mental. Descubriste tu reflejo en un charco solitario: ahí viste tu mirada extraviada, tu cabello desordenado, tu cuerpo menudo y la barba que empezaba a crecer como un jardín descuidado. Pero al final viste tu ...