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Mostrando entradas de abril, 2015

Laberinto

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Ya se perdió. Voltea para un lado y para otro. No tiene la menor idea de donde se encuentra. Sólo ve paredes viejas a su alrededor y un sinfín de escaleras que ascienden hasta el cielo y se pierden más allá de la vista. Da un paso y siente que se equivoca. Intenta corregirlo y se vuelve a equivocar. Ha perdido a su madre mientras escapaba lleno de curiosidad detrás de un ave rara que voló caprichosamente entre los pasillos que conectaban varios edificios habitacionales. Cuando quiso volver, ya era imposible. Trató de gritar y sólo el eco le respondió. Luis empezó a caer en desesperación. Sus pasos errantes finalmente lo llevaron a un sitio. Un patio de adoquines, cubierto de pasto seco y un profundo olor a olvido. Miró hacia los edificios, enormes y viejos, que bordeaban el lugar. Había un montón de ventanas, más de las que podía contar. A nadie de los que vivía ahí le preocuparía un niño de diez años dando vueltas ahí. Luis salió del patio y comenzó a vagar por un pasill...

Paseo de Madrugada

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Ya no pudo decir más. Abandonó el bar en donde se encontraba luego de pagar una cuota exorbitante. No estaba ebrio. Recordaba perfectamente las conversaciones de aquella noche y cómo en cierto momento pareció que nadie lo escuchaba. Culpó a la música y se sintió más intranquilo. Le dijeron que fuera a ahogar sus penas en alcohol. Lo único que consiguió fue sentir como se apoderaban aún más de su ser y lo dejaban en un estado miserable. Más que consuelo, fue un suplicio. Pero ya no se le ocurría algo más qué hacer y ya no confiaba en nadie. Se sentía presa de una tragedia griega moderna. Salió a las calles oscuras y concurridas. Ya era de madrugada y seguía haciendo calor. Evadió tanta gente cómo pudo y se dirigió hacia la avenida principal. No quería tomar un taxi para volver a casa, así que optó por caminar. “¿Ya qué más puede pasar?” pensó. Caminó sintiendo el viento frío y refrescante. Vio las luces de los autos pasar, hacia quién sabe dónde. Sus pasos eran inconstante...

Ser Peligroso en el Infierno

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Pisé el acelerador. Al fin había evadido el tráfico y el calor infernal que se concentraban en el cruce de avenidas, obstaculizado con las eternas obras viales. Escuché insultos y griterías, tan comunes en mi ciudad; usaban los cláxones como si fueran la fórmula mágica para deshacer el congestionamiento. Me desesperan. Nadie va hacia dónde voy, creo yo. Juré que no me alcanzarían y aquí estoy. Estoy por dirigirme hacia un viejo camino de mi infancia que ya nadie usa desde que los túneles atravesaron todo el subsuelo y dejaron olvidado el cielo abierto. Yo no soy un topo, yo quiero sentir la brisa arremetiendo contra mi rostro y despeinando mi cabello.  Podrían llamarme cobarde por huir, pero a mi vida ya no le quedaba nada más que lo que traigo conmigo en este momento: mi automóvil, mi cámara fotográfica y esta camisa, que usé el día más feliz de mi vida. Lo demás ya se fue entre los hilos del pasado.  Duele haberlo perdido todo. Recuerdo cómo mi esposa jamás...

Parque Ficción

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Podíamos correr. Dijiste que ya no podíamos movernos. Que las voces te agobiaban y que tus obligaciones interminables sacudían tus días hasta dejarte exhausta. Que no deseabas dormir, sino huir a donde tus sueños no pudieran tocarte. Tan cansada estabas que dejaste de sonreír; que me preocupé por ti. No viste, quizás, que la fatiga también se apoderaba de mí. Me vi tentado a decirte que te vería después, que sería mejor otro día. Luego recordé que los días se consumen como las cartas viejas ardiendo. Y ¿sabes de qué más me acorde? De que quería verte, sí, así de importante. Te sonreí y te abracé, ¿recuerdas? Suspiraste en esos instantes y cerraste tus ojos. Te dije algo al oído, insignificante tal vez. La gente nos ignoró, se fueron como sombras. La tarde comenzaba a caer, el sol se escondía entre los edificios y el viento sutilmente hacía volar nuestro cabello. ¿Comenzabas a sentirte mejor? Parecía que sí. Caminamos por una acera silenciosa hasta llegar a la entrada de u...

Mareas Supremas

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No supe cómo terminamos aquí. No supe en qué momento los sinuosos caminos que atravesaban montañas y llanos verdes olvidados se terminaron en este lugar. Mis padres siempre tan originales al elegir sitios para visitar en las vacaciones…quién sabe de dónde sacan estas ideas tan sorpresivas. “¿A dónde vamos?” había preguntado yo horas antes. “Vamos a Grecia, al mar y sus miles de islas” me respondieron. Los miré extrañado. “Sé que te gustará y lo disfrutarás, ya lo verás”. Asentí con un gesto incrédulo. Estábamos en una carretera cubierta de neblina con autos excéntricos que apenas eran visibles. Nos había tragado una gran nube. Las subidas y bajadas del camino, con sus respectivos precipicios, se agotaron.  El camino se volvía más claro y la luz, tenue, comenzaba a colarse entre las nubes. Ahí pude ver con claridad cuál era nuestro destino, el sitio elegido por mis padres para pasar un fin de semana de descanso, lejos de la caótica ciudad. Vi un pueblo. Pero no cómo ...