Jacinto
JACINTO No entiendo aún por qué vine a consolarlo, si esa no es mi tarea. A veces no comprendo del todo mi naturaleza si ahora mismo tengo sentimientos. Creí conocerme hasta el fondo, porque no tenía entrañas y mi esencia parecía muy simple. Tengo la labor de terminar con la vida; de parar el corazón, detener los impetuosos pulmones y apagar los pensamientos. Pero no soy la única en hacerlo, o acaso, ¿podría un solo ser ocuparse de que tantas personas dejen este mundo? No. Soy la muerte, o una de ellas, porque en realidad somos muchas. Nos han pintado siempre como esqueletos, porque la tierra consume la carne y deja sólo los huesos. Entonces deberíamos ser imponentes cúmulos de huesos que se mueven con agilidad, sin dolor, imperturbables y con una tarea. La gente dice que la muerte es lo único seguro en la vida y que no distingue entre condiciones, vicios y virtudes. Pero sí lo hacemos. No somos ajenas, ni somos esqueletos. Mírenme. Aún contemplo mi rostro en cua...