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Mostrando entradas de agosto, 2013

Un Destino Perdido (Parte 5)

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Salieron de su estado de trance con cierta dificultad y con los ojos muy abiertos. Escuchaban el estruendoso sonido del extraño mar y veían con incredulidad todo su alrededor. Fue entonces que cayeron en cuenta de lo que había dicho Ocenetl. -¿Nuestro nuevo hogar? ¿A qué se refiere?-preguntó Lizbeth. -Vengan conmigo, la noche está por caer y lo ideal sería regresar al pueblo antes del crepúsculo. Si ustedes han visto mucha magia en el día, no se imaginan lo que verían por la noche. Aún no están listos-respondió Ocenetl. -El día ha parecido muy largo, pareciera que hubiésemos vivido tres días en uno solo-comentó Alejandro. -El tiempo tiene efectos curiosos aquí. Para algunos los días son sumamente cortos y para otros son sumamente largos, depende de la persona y de lo que pase por su mente. No sé bien porque este día te parezca tan extenso, no comprendo muy bien acerca de esos asuntos. Lo que sé es que aquí no medimos el tiempo no nos apuramos por él, vivimos y hacemos lo que t...

Un destino perdido (Parte 4)

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Estaban ya amarrados con improvisadas cuerdas pero que los apretaban violentamente contra un grupo de árboles blancos y retorcidos, que a simple vista parecían muertos en vida. De todo su cuerpo escapaba un sudor frío mientras veían a un grupo de caníbales afilar sus armas. Un hombre viejo, de gran barba blanca grisácea y de mirada perversa, se acercó a ellos con unos braseros en los que se quemaban lentamente algunas hierbas. Las hierbas despedían un olor que aturdía la mente. Lizbeth cerró con fuerza los ojos, los olores comenzaban a debilitarla severamente. Pero había alguien que parecía recuperar la calma. Alejandro había dejado de sudar. En su mente trataba de bloquear el desagradable olor y de realizar una actividad que se le había olvidado en los últimos minutos: pensar. Fijó su profunda mirada en lo que había delante de él. Un caníbal, al ver su mirada, tuvo un arranque de furia y derribó un árbol delgado con su hacha. Alejandro trató de hablar, pero no podía. Su garg...