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Mostrando entradas de 2013

Un maletín frágil

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Su presencia es perceptible, pero indiferente a la vista común. Caminando sobre una avenida principal va un hombre a paso acelerado. Es un hombre alto y delgado, con su cabello negro oscuro bien recortado. Viste elegantemente, con un traje negro y corbata de un tono rojo marrón, una combinación que de vez en cuando se ve en esas tiendas de ropa de los suburbios. Su cara estaba demacrada. Las cuencas de sus ojos sobresalían, tenía un gesto de cansancio excesivo y el gesto de su rostro mostraban una clara amargura. Caminaba mirando con desprecio cada centímetro de acera que pisaba. En su mano derecha cargaba un maletín, un maletín raído y viejo de tamaño mediano. Parecía tener un peso importante, porque el hombre parecía cargarlo con dificultad. No le importaba que ese día el clima estaba templado y apacible, ni que era un día particularmente silencioso. Durante su trayecto pasó al lado de algunos parques viejos, parques que sólo podían llamarse así por el pasto que crecía sin medida y...

Tarde de un jueves

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No es muy tarde aún, son alrededor de las 18:00 y es jueves. Uno de tantos microbúses que atraviesa la Ciudad de México se detiene por cuarta vez en menos 15 minutos ante un semáforo. Algunos automovilistas que no alcanzaron a cruzar, hacen sonar su claxon, o simplemente se hunden en un gesto de desesperación. No hacen mucho caso de lo que vienen escuchando en su estéreo o de lo que les alegró quizá la mañana. Se ven hundidos por una luz roja de efímera duración. Y dentro del microbús, que no es muy grande y mantiene los mismos asientos de cuero viejos de hace unos 15 años, cada persona está pérdida dentro de sí y algunos comparten la frustración de los automovilistas, no paran de ver el reloj, ya sea el de muñeca o el del celular. Allá en los asientos de atrás, hay dos adolescentes de unos 16 años, parecen venir juntos pero ambos tienen la mirada pérdida en su respectivo celular. Otra mujer cerca de ahí, lee apaciblemente. Alguien más llama por teléfono con una voz excesiva de lo...

Un Destino Perdido (Parte 5)

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Salieron de su estado de trance con cierta dificultad y con los ojos muy abiertos. Escuchaban el estruendoso sonido del extraño mar y veían con incredulidad todo su alrededor. Fue entonces que cayeron en cuenta de lo que había dicho Ocenetl. -¿Nuestro nuevo hogar? ¿A qué se refiere?-preguntó Lizbeth. -Vengan conmigo, la noche está por caer y lo ideal sería regresar al pueblo antes del crepúsculo. Si ustedes han visto mucha magia en el día, no se imaginan lo que verían por la noche. Aún no están listos-respondió Ocenetl. -El día ha parecido muy largo, pareciera que hubiésemos vivido tres días en uno solo-comentó Alejandro. -El tiempo tiene efectos curiosos aquí. Para algunos los días son sumamente cortos y para otros son sumamente largos, depende de la persona y de lo que pase por su mente. No sé bien porque este día te parezca tan extenso, no comprendo muy bien acerca de esos asuntos. Lo que sé es que aquí no medimos el tiempo no nos apuramos por él, vivimos y hacemos lo que t...

Un destino perdido (Parte 4)

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Estaban ya amarrados con improvisadas cuerdas pero que los apretaban violentamente contra un grupo de árboles blancos y retorcidos, que a simple vista parecían muertos en vida. De todo su cuerpo escapaba un sudor frío mientras veían a un grupo de caníbales afilar sus armas. Un hombre viejo, de gran barba blanca grisácea y de mirada perversa, se acercó a ellos con unos braseros en los que se quemaban lentamente algunas hierbas. Las hierbas despedían un olor que aturdía la mente. Lizbeth cerró con fuerza los ojos, los olores comenzaban a debilitarla severamente. Pero había alguien que parecía recuperar la calma. Alejandro había dejado de sudar. En su mente trataba de bloquear el desagradable olor y de realizar una actividad que se le había olvidado en los últimos minutos: pensar. Fijó su profunda mirada en lo que había delante de él. Un caníbal, al ver su mirada, tuvo un arranque de furia y derribó un árbol delgado con su hacha. Alejandro trató de hablar, pero no podía. Su garg...

Un destino perdido (parte 3)

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Ocenetl los llevó por un sendero fuera del pueblo y lentamente el aire comenzó a cambiar, conservaba esa sensación de misterio pero ahora los tres viajeros sentían con fuerza en sus mentes, la idea de que ya no habría marcha atrás. -Preparen sus ojos-dijo Ocenetl con decisión- comenzarán a ver lo que realmente hay aquí, y quizás, si son incrédulos, sentirán ganas de dejar salir un grito que sólo les hará comprender que lo que ven no es parte de su imaginación. Los tres asintieron con la cabeza y se acercaron a un camino que cortaba una colina. Ocenetl les hablaba de lo importante que era para su pueblo el cambiar lo posible acerca de ellos mismos, pero dejar que la naturaleza siguiera su instinto de cambiar por sí misma. En eso Alejandro volteó hacia la colina y casi perdió la respiración, mirándolo fijamente había otro jaguar, más grande de los que había visto alguna vez en el zoológico. El jaguar clavó su mirada en los ojos de Alejandro mientras caminaba, no con miedo ni co...

Un destino perdido (Parte 2)

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Siguieron por un sendero, que parecía no llevar a ninguna parte. No había letreros que señalaran algo, ni casas. Sólo estaba la naturaleza en su esplendor. Mientras caminaban sabían que no estaban solos, que había animales o seres observándolos, pero estos escapaban de su vista. Se limitaban a caminar y a dejar estas sensaciones dentro de sí mismos. Los ojos de los tres brillaban, no era una mirada de miedo a lo desconocido, sino más bien de una fascinación que superaba a lo que hubiesen pensado.   Luego de caminar unos 20 minutos, encontraron el final del sendero. Terminaba en el cruce con un sendero de tierra y al fondo se veía un buen número de árboles frutales. Los árboles impedían ver el horizonte con claridad, pero al mirar hacia el cielo notaron que, a ambos lados de donde estaban, había un par de cerros cubiertos de vegetación y con la cima de un color negro profundo y brillante. No había mucha diferencia entre ambos. Fue entonces que el encanto somnífero quedó a...

Un destino perdido (Parte 1)

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Eran las 7 de la mañana del sábado 27 de julio. Amanecía en la ciudad de México, era un amanecer como cualquier otro, con pequeños detalles que sólo notaría aquel que admira con detenimiento cada mañana. El aire traía el aviso de un día caluroso y sin lluvia, un tipo de clima que ya tenía hartos a muchos.   Y una de estas personas era Alejandro, un joven de 15 años que vivía en un suburbio común y corriente. Pese a que lucía como un adolescente normal, inspiraba sin saberlo una sensación de miedo y misterio a las personas a su alrededor, sólo las personas más cercanas a él sabían discernir entre esta extraña imagen que proyectaba y entre quien realmente era.   Apenas la noche anterior, Alejandro se había quedado perdido con sus audífonos y sus pensamientos hasta las 2 de la mañana, cuando finalmente el sueño lo venció. Era su manera de relajarse luego de una semana difícil y confiaba más   en poderse despertar tarde al otro día.   Pero el sonido de tres ...