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Mostrando entradas de junio, 2017

Arena de Oro

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ARENA DE ORO Nadie sabía qué inspiró al oficial Rodrigo Sotomayor a dar un paseo nocturno, cuando con trabajos habían conseguido encender una fogata con restos de madera de cactácea seca. Era cierto que en el desierto solía ser más factible caminar por la noche, pero las estrellas no ayudaban a alumbrar mucho y los trajes del siglo XVII todavía eran incómodos para recorrer esas grandes distancias. Pero las órdenes eran incuestionables, así que la pequeña comitiva de seis hombres armados se movió en dirección al norte. La promesa era volver a la fogata en un par de horas. Fueron los caprichos del gobernador de la intendencia de Durango los que llevaron a Sotomayor y a sus hombres realizar esa expedición al vecino desierto de Chihuahua. Él pretextaba que los reportes del siglo pasado de los viajes al desierto para descubrir las ciudades de oro-que habían fracasado sin resultado alguno-, habían sido falsificados para que el naciente gobierno virreinal tuviera recursos para soste...

Polen

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POLEN ¿Jugamos? Los mejores juegos son las verdades disfrazadas de juegos que evitan la culpa y traen consigo todo el gozo posible. Ahí se quedan como recuerdos. Dicen que entre broma y broma la verdad se asoma. Te hago esa pregunta porque no sé si le podemos llamar juego a esta exploración incesante y eterna de nuestros cuerpos, que ocurre cada que queremos sin que sea una rutina aparente. Te veo y una abeja vuela en círculos cerca de tu rostro. Luego otras dos, cuatro, seis, dieciséis…son muchas. Caminamos entre los pequeños arbustos del parque hasta encontrar el pedazo caído de un panal. Ahí están las formas hexagonales y las pobres abejas obreras desesperadas porque han perdido parte de la fortaleza de su panal. Veo ese pedazo de orden caído, ese caos, esa miel derramada en el pasto. Condenada miel. Te veo, me miras de cierta forma. Caminamos, siento una vibración en tu piel y algo raro en la nariz. Vamos en busca de algo. *  *  * No quiero ni parpadear. ...

Nívea

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NÍVEA Te pensé. Flotaste en mis ideas mientras intentaba despertarme, pero mis ojos no se abrían como yo quería. Me revolvía inquieto entre las sábanas, y distintos sonidos agudos confundían mi mente. Sentía las manos frías y hormigueantes. Hacía viento, las ventanas estaban abiertas, pero yo no recordaba haberlas dejado así. Tu aroma serpenteaba en mi habitación como una espiral errante, pero no sabía aún si estabas ahí. Cuando abrí los ojos, la mañana estaba blanca, muy blanca. Las paredes de mi casa, que solían ser de color crema, parecían recubiertas de una capa de mármol o conchas de mar, pulidas por algún ocioso. Por todos lados había un brillo extraño. Parecía como si de tu interior hubiera brotado todo ese recubrimiento, como si hubieras nevado sobre mi casa y dejado únicamente tu aroma. Porque tu cuerpo ya no estaba. Mientras aún no podía despertar, creí ver que tenías alas. Pero no eras ya humana, sino una cacatúa ninfa completamente blanca, de un tamaño mayor a...

Parlamento de Zopilotes

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PARLAMENTO DE ZOPILOTES Me fui a la sierra porque deseaba apartarme de la ciudad un momento, y porque quería encontrar algo de congruencia en mi vida. Hablábamos en la universidad mucho de defender a los campesinos, indígenas y en general a los habitantes de las tierras rurales sin jamás habernos ensuciado de lodo o sentido el sudor en un campo de cultivo. Esperaba sentirme mejor, dejar de pensar que sólo proponía consignas en el aire mientras vivía con cierta comodidad. No fue complicado llegar a estas montañas cálidas, cubiertas de espirales, remolinos y laberintos de vegetación en intrincados cerros, que sólo dejaban unas pocas planicies donde se habían establecido desde siglos atrás. El transporte era precario: las partes del camión chirriaban y se bamboleaban con fuerza en la carretera con una pésima pavimentación. Iba tomando nota de los paisajes, del silencio estoico de la gente y su hábito de rezar cada cierto tiempo. Sus plegarias tuvieron aún mayor sentido cuand...