Los Hombres Grises
LOS HOMBRES GRISES A ellos ya nadie los ve. Ocupan un lugar en el espacio cada día, pero las miradas no se detienen en ellos. Parece desagradable mirar sus gestos, sus cuerpos que se desmoronan paulatinamente un poco más, su ropa sucia y sus expresiones vacías. Tienen un nombre, pero eso parece importar poco. Son el ocaso de sí mismos, el ridículo revelado a través del silencio. Cada día dan paseos largos en el tren, más por necesidad que por gusto. Lo hacen ensimismados, pero no parecen reflexionar demasiado. No miran a los costados, sólo a un punto indefinido al frente. Cuando tienen la oportunidad, corren por un asiento para dejar reposar su maltrecho cuerpo, ancho o delgado. Algunos cierran los ojos para dormir sin pena ni gloria. Dirían algunos que la tristeza se refleja en los que mantienen los ojos abiertos en esos momentos. Sus labios se curvean hacia abajo, sus manos se cruzan sobre sus piernas y miran todo, empequeñecidos. Buscan un bajo perfil, sólo despiertan...