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Mostrando entradas de agosto, 2018

Chicomecoatl

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CHICOMECOATL Aquella mañana Celso despertó con antojo de tortillas frías y la mandíbula endurecida. Llevaba varios días más estando más silencioso de lo normal y se distraía frecuentemente mirando el cielo. Escuchaba solo lo necesario de su anciana madre. Su padre se había ido hace un mes a arreglar los cuartos de la familia lejana en Guerrero, y sus hermanos solo venían los días festivos. A sus 31 años no podía huir. La familia lo tenía atado en esa casa rudimentaria en una de las olvidadas zonas rurales al sur de la Ciudad de México. Allá las montañas parecían haberle puesto un filtro a la modernidad: yacían en una transición entre unirse al bullicio urbano y conservar sus tradiciones de antaño. Pocos transportes iban a esos lugares: caseríos a la falda de los cerros, con caminos apenas pavimentados que transcurrían entre hogares sencillos, milpas y animales rumiando. Poco habían cambiado en las últimas décadas. Las migraciones del siglo pasado apenas los habían tocado. E...

Lucha de Clases

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LUCHA DE CLASES Nos atrapó. ¿por qué nosotros?: no lo sabemos. Era la tarde de un miércoles de septiembre. Miranda y yo acordamos de vernos en el metro Insurgentes Sur, ese que tiene una misteriosa salida a la tienda de Liverpool. Pero no íbamos de compras. Le había prometido que la llevaría a conocer el melancólico Parque Hundido, un pequeño espacio verde con un sutil olor a frituras y un olvidado reloj floral que lleva años sin funcionar.   Reinaba el sonido del abandono. Caminamos por los bordes del parque y descendimos a los corredores que siguen un orden que parece laberíntico. De vez en cuando aparecían oficinistas comiendo plácidamente. Ella, estudiante de fotografía, me contaba sobre su proyecto visual de reconstrucción de un caso de feminicidio: la escuchaba con interés. Notaba su entusiasmo y, a la vez, temor por el tema de la violencia. En eso un hombre pasó a nuestro lado en bicicleta. Muy cerca, tal vez, demasiado. Optamos por sentarnos a seguir platicando...

Taxhimay

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TAXHIMAY No habrá paz. Es lo que piensa Hansel mientras vuelve a casa, conduciendo su auto en una noche terriblemente cálida. Teme que el pulso, el sudor de la frente que no se detiene y la mirada perdida podrían delatarlo. En su vida se había jactado de mantener la calma en los momentos difíciles: su trabajo de gestor de crisis lo comprobaba. Las cicatrices de una juventud desenfrenada aún yacían sobre su piel y aparecían como recuerdos esporádicos a la hora de dormir. Leslie lo espera en casa. Ha asumido el retraso de su esposo como otra visita nocturna a las sesiones especiales del gimnasio, a las cuales prefiere no asistir por  terminar el día jugando videojuegos. En los instantes que él está ausente y su ego no transita por la casa, se pierde en los detalles superrealistas de los juegos y deja de lado sus pensamientos al punto de que se siente confundida al salir a la calle el día siguiente. Los disparos virtuales, uno por uno, revientan como globos sus memorias ...

Juego de Espejos

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JUEGO DE ESPEJOS ¿A dónde iremos? No siento mis pies, ni te escucho. Si me pidieran definir a la alegría lo haría describiendo tu rostro en estos momentos; y seguramente el mío también. Encuentro en ti un oasis estacional, que existe sin ir a ninguna parte. Hallo los trópicos bajo la sombra de tus piernas y las respuestas en tus pestañas calladas. El viento callado de la tarde nos habla de algún lugar mejor. Crees tú que no podría haber algo superior a esto, pero sé que lo habría. Callo el contexto frente a tus labios, hablamos de los varios meses que han transcurrido desde que nos conocimos en un taller de dibujo. Ambos llegamos a ese espacio en búsqueda de desahogo creativo después de haber abandonado esa actividad por varios años; teníamos problemas, dialogábamos y nos mostrábamos nuestras creaciones. Hasta hoy todavía ocurre. Agradezco que no notes la prisa en mis creaciones, sino únicamente su tendencia dual y trágica. Asumes tan bien mis misterios como yo ansío tu...