Chicomecoatl
CHICOMECOATL Aquella mañana Celso despertó con antojo de tortillas frías y la mandíbula endurecida. Llevaba varios días más estando más silencioso de lo normal y se distraía frecuentemente mirando el cielo. Escuchaba solo lo necesario de su anciana madre. Su padre se había ido hace un mes a arreglar los cuartos de la familia lejana en Guerrero, y sus hermanos solo venían los días festivos. A sus 31 años no podía huir. La familia lo tenía atado en esa casa rudimentaria en una de las olvidadas zonas rurales al sur de la Ciudad de México. Allá las montañas parecían haberle puesto un filtro a la modernidad: yacían en una transición entre unirse al bullicio urbano y conservar sus tradiciones de antaño. Pocos transportes iban a esos lugares: caseríos a la falda de los cerros, con caminos apenas pavimentados que transcurrían entre hogares sencillos, milpas y animales rumiando. Poco habían cambiado en las últimas décadas. Las migraciones del siglo pasado apenas los habían tocado. E...