Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2017

Letargo

Imagen
LETARGO Estabas dormido. Te llamaban Padre Tiempo porque nadie recordaba el momento en que había empezado tu sueño. Algunos te recordaban tendido en una gigantesca caverna, ajeno a las linternas y antorchas que pasaban a tu lado. Otros juraban que te habían visto en un páramo gigantesco, donde en tiempos de antaño habitaban gigantes y colosos como aquel que pintó Francisco de Goya. Parecías brotar de la tierra, enraizado al suelo. Vientos y terremotos no te movían en lo más mínimo. Tu respiración de ballena agotada hacía vibrar el suelo, abría grietas y dividía pasos. Los demás crearon muchos presagios de lo que ocurriría cuando despertaras. Algunos ociosos tejieron sobre tu barba, tocaron tus párpados, trataron de despertar los impulsos eléctricos de tu espalda. Pero no estabas muerto, ni en coma. Tu corazón aún latía con fuerza, a ratos aceleraba tu pulso a ritmos escandalosos que hacían saltar tus venas y arterias. Parecía que te alimentabas del aire, de la curiosidad...

Antes del Alba

Imagen
ANTES DEL ALBA Te siento inquieta, son las cuatro de la mañana. Mi abrazo parece insuficiente para calmar tu ansiedad y hacerte dormir. Ya no siento mi mano y me veo obligado a estirarla en el aire. No sabes qué te estresa realmente, prefieres mantenerte en silencio. Es un miedo, un pequeño vacío; nostalgia del futuro, fuegos artificiales húmedos del presente. Dormiría sin pensar en ti, pero no puedo. Ya no. Es una madrugada calurosa, y las sábanas parecen horneadas. Nuestros cuerpos sudan en silencio, sin el menor movimiento. Incluso los mosquitos están abochornados. Con mi mano alcanzo el suelo frío, y la sensación fresca me relaja. Coloco mi mano recién aclimatada sobre tu espalda. Suspiras, te quedas dormida en pocos segundos. Yo te sigo. Escasos minutos después, despiertas hiperventilada, casi gritando de terror. Das vueltas breves en la cama, luego tocas afanosamente tus tobillos. Segundos después me cuentas, con la voz entrecortada, que unas manos con garras jalar...

Idilio Costero

Imagen
IDILIO COSTERO Daría lo que fuera por no tener que volver mañana a la ciudad. Sé que el golpe de nostalgia y el aire, más tóxico por el pesimismo que por las fábricas, terminará por derribarme. No habrá nada que pueda hacer, pero es inevitable. Tengo asuntos que arreglar, aunque juré no volver. Quizás no sea posible escapar para siempre. A veces creo que debí haber nacido en otro tiempo, en días distintos en que la competencia no fuera una vorágine que lo envolviera todo para devolver sólo ojeras, vergüenzas atroces, voluntades tintineantes y glorias líquidas. La calma que deseaba tanto respirar cada día parecía, a ojos de los demás, una pereza inconfesada. La ironía de nuestro tiempo era matarse ganando la vida. “¿Por qué ganarse la vida si ya la teníamos?” me pregunto mientras enciendo el motor de mi bote, a un costado del pequeño muelle abandonado que ha resistido tormentas y desidias. Vine a la costa porque no me imaginaba en otro lugar. Quise dejarlo todo por manten...