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Mostrando entradas de julio, 2016

Quererse Entre Extraños

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Queer La miro sin decir nada. Ella es extraña, todos lo dicen. Provoca más gestos de confusión que risas en los demás. No cualquiera soporta el frío polar de sus palabras, que dice con una voz suave, casi entre bellos murmullos. A veces se queda las tardes en casa con un libro abierto; atraviesa con su vista algunas páginas en segundos y otras las contempla por varios minutos. Tiene una mente curiosa: sus dudas causan sobresaltos. Estamos en su habitación, ya casi son las cinco. Las paredes están pintadas de un color azul, demasiado tímido para ser marino pero muy duro para ser celeste; también están cubiertas de posters de bandas que nadie ha visto en el país. La llamo por su nombre: “Aluna”. Ella voltea, está recargada a un costado de la ventana, yo estoy enfrente. Aluna juega con mis dedos, los acaricia y aprieta caprichosamente la punta con sus uñas carmín. Conservamos el silencio por unos instantes más hasta que ella simula con sus brazos lanzarme a un lugar descon...

Murmullos

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MURMULLOS Renacer así a la mitad de la noche es cruel. Tú lo sabes cuándo despiertas confundido frente a una fuente que no reconoces. Abres los ojos con dificultad y miras desesperado a tu alrededor. Tantea tus bolsas: ya no tiene pertenencias. Tu saco café está cubierto de polvo, tus pantalones están rotos. Tienes un fuerte dolor de cabeza, además de que tus reflejos están deshechos, por culpa de ingerir alcohol. Después de un rato, a lo lejos, alcanzas a distinguir algunos edificios que te parecen familiares. Estás cerca del centro de la ciudad, en alguna plaza abandonada de la que no recuerdas el nombre. Alrededor deambulan vagabundos, pero tú ahora mismo pareces uno. Quieres volver a casa, pero tus piernas tiemblan como gelatina. Finalmente decides quedarte sentado, a esperar que puedas caminar y moverte con cierta seguridad. Las luces del alumbrado público son escasas, estás casi en las penumbras. Respiras con la boca abierta, tus pensamientos son confusos. Escuchas...

Scylla (Parte II)

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Seidi ha ganado la partida. Todavía no puedo tocarla, ni a ella ni a la otra ninfa. El recuerdo de mi novia se quema entre mis pensamientos, como una hoguera inacabable. Entre la seducción de las ninfas se entremezclan las lágrimas que imagino de su rostro, siento que bajan ardientes y serpenteantes por mis hombros y mi espalda. Mis músculos se contraen. La otra ninfa se va sin decir su nombre. Sólo se muerde los labios. Es más bella que Seidi, tiene la piel canela, el cabello apenas largo y los ojos turquesa como el de un cenote. No confieso nada de mis pensamientos. Sólo quiero darle fin a mis deseos. -Sabes que ejercí el poder sobre ti, ¿verdad?-me dice ella-Te hice dudar de tus bases estables, te hice decidir aquello que no habías considerado. No eres tan gris después de todo. Pero no me posees. En efecto, yo me puedo largar cuando me plazca, ¿qué me haría quedarme aquí? -Sólo tus deseos. -Los cuales son volátiles. ¿Qué te haría importante? Te elegí, ¿pero qué te h...

Scylla (Parte I)

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Scylla En noches así me siento como un espectro. Parezco incorpóreo, sin peso, débil ante cualquier viento que entre por la ventana, con un permanente gesto insatisfactorio y la conciencia capaz de atravesar paredes para hacer preguntas que nadie conteste. Soy presa de una ira desconocida que me mantiene atado a la cama; ruedo entre sus límites con el pulso acelerado. No habrá pastilla que me haga perder la conciencia o rebaños de ovejas que se dejen contar. Es el insomnio mismo. Mi habitación es oscura, frígida y silenciosa. La luz de la luna apenas se cuela por una pequeña ventana e ilumina la pequeña mesa atestada de cosas frente a mí. Podría distraerme ordenando ese tumulto de libros, hojas desperdigadas, recuerdos de bodas y bautizos, artesanías descoloridas y objetos de procedencia desconocida, pero nada me hará saltar de esta cama. La desesperación por las escasas horas que quedan de la madrugada no ayuda. Soy un hombre de preocupaciones simples y vagas, atado más a...

Descalzos

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DESCALZOS Eres alguien de hábitos curiosos. La ociosidad te provoca el deseo de dar paseos solitarios y de inventarte citas, a las que finges llegar con puntualidad inglesa. Te imaginas que realmente te encontrarás con alguien por obra caritativa y desinteresada del universo. Quieres volver a casa sintiendo que no eres el mismo que dejó todo en desorden más por desinterés que por pereza. No pasará mucho antes de que llueva. Es junio y las tardes le pertenecen a los nubarrones oscuros que jamás pierden oportunidad de inundar la ciudad. Te diriges a un parque, recién remodelado, que contiene en su interior un monumento olvidado pero alto, de formas rectas y motivos nacionalistas. Tiene muchos nombres desconocidos y esculturas arcaicas. Te interesa tan poco como a los que pasan por ahí. Alrededor hay muchas bancas y en ellas un montón de parejas, que para ti son melosas, que comparten un momento efímero de alegría luego de un día de trabajo o escuela. La edad no es una limit...