Quererse Entre Extraños
Queer La miro sin decir nada. Ella es extraña, todos lo dicen. Provoca más gestos de confusión que risas en los demás. No cualquiera soporta el frío polar de sus palabras, que dice con una voz suave, casi entre bellos murmullos. A veces se queda las tardes en casa con un libro abierto; atraviesa con su vista algunas páginas en segundos y otras las contempla por varios minutos. Tiene una mente curiosa: sus dudas causan sobresaltos. Estamos en su habitación, ya casi son las cinco. Las paredes están pintadas de un color azul, demasiado tímido para ser marino pero muy duro para ser celeste; también están cubiertas de posters de bandas que nadie ha visto en el país. La llamo por su nombre: “Aluna”. Ella voltea, está recargada a un costado de la ventana, yo estoy enfrente. Aluna juega con mis dedos, los acaricia y aprieta caprichosamente la punta con sus uñas carmín. Conservamos el silencio por unos instantes más hasta que ella simula con sus brazos lanzarme a un lugar descon...