La Idea
LA IDEA Nadie sabe qué es la vida hasta que llega la sequía. No hablo de la de los campesinos o ganaderos, que sufren con su estómago vacío la ausencia de lluvias y los eternos pretextos de las oficinas de gobierno. Tampoco de los canijos tiempos de austeridad en los que permanece el país desde que se esfumó la imaginaria administración de la abundancia. Es de la escasez creativa, cuando las ideas están ausentes y no tienen fecha para cuándo volver. Para alguien como yo, que vive de las letras, es poco más que una tragedia. Son las ocho de la noche de martes, faltan diez días para la quincena y si no entrego algo para mañana, no tendré para pagar la renta, ni la comida, ni los cigarros o los libros de viejo que nadie quiere, pero que a mí me parecen interesantes. Dependo de una mente que se tomó vacaciones sin permiso. Debe aparecer algo brillante para que no me corran, y así tener un ratito de gloria y de paz. Ya he dado cuatro vueltas por las calles cercanas a mi casa, ...