Ilusiones del Vacío
ILUSIONES DEL VACÍO
Hoy culmina el invierno
y ya ha pasado un año. Te escribo desde una banca de piedra, en un parque, iluminado
escasamente por una luminaria que tintinea a ratos. Es verdad que no tuve el
coraje de decir todo esto frente a ti, pero aun así sentí la necesidad de
expresarlo de algún modo. No te evité por cobardía, simplemente fue porque no
deseaba verte. No necesito dolor innecesario en estos días, tampoco tus
palabras o gestos confusos.
Fuimos una historia
inventada, una ilusión que nunca fue. Te escribí cientos de veces antes en
muchos meses, ¿recuerdas? A veces fingías que no era para ti y disimulabas
adivinar. Escuchaba tus palabras, la verdad estaba en nuestros ojos. Nos
separábamos por cortos intervalos para después volvernos a encontrar. Nos
queríamos sin decirlo. ¿O yo sólo imaginaba que me querías, que teníamos un
amor inconfesado? Todavía tengo mis dudas.
Nada era suficiente.
Temía estropear todo contigo por creerte demasiado perfecta, a veces
inalcanzable, solitaria en la oscuridad de tus pensamientos. No quería arruinar
tu libertad con mis manías o la extrañeza de mis deseos. Todo estaba mejor
contigo en un plano que aún no existía, que creaba y remodelaba como obstinado
constructor todo el día. Más que tenerte en un pedestal, estabas en un pequeño
universo que había creado para los dos, sólo para nosotros. Y no tenías ni idea
de mis invenciones. Respirabas con calma, te preocupabas por tus cosas y
continuabas tu cotidianeidad probablemente sin pensar mucho en mí.
¿Vi cosas de más en ti?
Juré que muchas veces me mirabas con ojos de amor, o que a mí me hablabas de
forma distinta que con los demás: conmigo no parecías fría, con todos los otros
sí. Que si a veces te acercabas demasiado, que si buscabas el contacto físico o
que si me mostrabas algunas canciones con la secreta intención de dedicármelas.
Con eso en mente, pensé que confesarte mis sentimientos era una obviedad
innecesaria.
En ocasiones sentía que
me besabas en la comisura de los labios al despedirte o que prolongabas ese
contacto. Por mucho tiempo quise besar tus labios pero no tuve el valor para
moverme unos centímetros a la izquierda en el momento preciso. Añoré tanto ese
momento que pensé que cuando tal cosa ocurriera, crearíamos realmente ese
vínculo que tanto había imaginado. Creí que sería yo el que rompería tu
frialdad y daría comienzo realmente a una nueva historia. Fuiste mi deseo silencioso
favorito, inspiración de algunas cosas que ahora me parecen ridículas.
Una noche pudo
cambiarlo todo. Y las anécdotas que conté de ese día eran impresionantes, desde
las horas de la madrugada hasta las del amanecer, cuando te creí a mi lado
después de más de un año de enamoramiento. Fue esa fiesta de final de semestre,
¿te acuerdas? Con el pretexto de deshacernos del estrés bebimos demasiado. Y me
caí un par de veces, por un rato ya no te vi.
La verdad fue un poco
distinta a lo que dije por mucho tiempo. Para evitar que volviera a tropezarme,
me dieron un par de pastillas de colores. Instantáneamente recobré la cordura y
la coordinación de mi cuerpo…para perderla otra vez en poco tiempo. De ahí mis
recuerdos son un frenesí multicolor de formas caprichosas, sonidos inagotables,
espasmos prolongados, palabras sueltas y tu presencia. Mi memoria grabó las
escenas de nuestro amorío consumado, de nuestros cuerpos unidos a ritmos
alucinantes. Y después haber despertado, aún con ondas radiantes por todas
partes y tú dormida a mi lado.
Cuando volví en mis
cinco sentidos encontré una nota tuya muy hermosa, diciendo que te irías por
las vacaciones a un pueblo lejano y que no te sería sencillo comunicarte
conmigo, pero que volverías. Conté entonces una historia gloriosa. Pero con el
tiempo supe que todo había sido producto de mis alucinaciones, de mis sueños
materializados y que la nota era producto de un inusual acto de mis propios amigos.
Me sentí furioso contigo, a pesar de que no habías hecho nada. No intenté
buscarte para aclarar nada, me encerré en mí mismo.
En cuanto pude, tuve un
amorío, por pura ira contra mí e indirectamente contra ti. Nuevamente quise
construir otro castillo de naipes insostenible. Ella se enamoró de mis palabras
dulces pero vacías, de mi frialdad cotidiana, de mi semblante solitario al
hacer el amor. Seguía pensando mucho en ti, pero lo negaba. Al parecer alguien
me quería aún en mi faceta más decepcionante y eso tenía que ser bueno de
alguna forma.
Cuando te enteraste, te
enfureciste y también lo negaste. Juro que eso no lo inventé, me enteré por boca
de chismosos muy confiables, además de ver tu expresión en el rostro cuando nos
mirabas. Pero no me dijiste nada. Tu respuesta fue silencio, ausencia e indiferencia tiempo después. Te sumiste
demasiado en ti. Recuperé la esperanza de que quizás sentías algo por mí pero,
como siempre, temía estropear todo.
El desenlace común de
cualquier historia de clichés románticos sería abandonar ese “falso amor”,
correr hacia ti, disculparme por ser un pendejo y al fin consumar el amor que
debió haber sido todo el tiempo, el favorito de una audiencia inexistente, el
que conmueve y hace olvidar las miserias propias. Pero sabemos que no fue así.
Te fuiste todavía más lejos y no te seguí. Evité pensar en ti en la medida de
lo posible, pero siempre fue inútil. Te maldije, otra vez sin razón, cientos de
veces y me volví patético.
No te escribo para
disculparme de forma tardía. Mi arrepentimiento es mío y no tengo porque
compartirlo contigo. Lo hago porque quería decirte todas estas cosas, que me
leyeras, aún con el riesgo de que me mandarás totalmente al carajo. Si leyeras
esto sin saber que se trata de mí, te divertirías con toda esta amargura y
reirías sin parar. Pero sé que tu reacción será muy distinta.
Tampoco tengo la menor
esperanza de que las cosas vuelvan a ser como antes. Fuimos el feliz invierno
que nunca ocurrió y toda posible historia bella entre los dos no existió. Y
probablemente esos días jamás llegarán. En esta noche que parece no tener fin,
en la que me acompaña un coro de grillos, desearía que estuvieras aquí. Pero
pensándolo bien…mejor no.
Comentarios
Publicar un comentario