Quimera
QUIMERA
Te deshice en un instante. Aplasté tu recuerdo, lo pulvericé
con mis dedos y dejé que el viento se lo llevase a quién sabe dónde. Disminuí
tu voz hasta que quedó opacada entre todas las conversaciones que me rodeaban.
Escribí tu nombre por última vez, en un pedazo de tierra seca con una rama: lo
borré con una pisada, llevé la vista a otra parte.
Orgullosos y triunfantes mis pasos. Fingí que me mirabas
marcharme enaltecido.
Quizás a ti te importaba un carajo mi ritual y respirabas
lejos de aquí. Tal vez dejaste sin aliento a alguien más: dejaste en su rostro
púrpura una sonrisa bien dibujada. Lo condenaste a la perdición y él aceptó. Y
yo podría aparecer como un enviado del futuro a advertirle de ti: jamás me
creería, me llamaría miedo.
El atardecer violento y rojizo que espanta a las nubes me
recuerda a tu mirada: profunda, inteligente, bella y cruel. Recorro las hileras
de árboles frente a mí con pasos inciertos, como una última memoria del devaneo
de tus pasos. El frío se entreteje bajo la piel, amenaza con dejarme inmóvil a
medio camino.
Pude consumirte bajo las llamas en aquella noche iracunda:
creí hacerlo. Pude hacerlo con el juego de mis manos en otra piel, una y otra
vez. Quise que dejaras de despertar ese sentido racional tan indomable. Hoy
todo debe de acabar, sí. Porque de los pensamientos, mujer, jamás te pude
sacar. Esos torturan, causan confusión y una sensación de embriaguez amarga.
* *
*
Los planes nunca salen como uno
quiere, sin duda. Yo que ya me iba para mi casa, a descansar, a ver algo en la
televisión. A mí no me dan miedo las alturas, nunca fue así. Por eso estoy
aquí, trepado en este puente, a las afueras de la ciudad. Las luces de la
ciudad me conmueven, reconozco edificios y calles, vehículos desplazándose como
hormigas.
No quiero tomar una foto. Con mi
celular sería una toma ridícula, inútil. Ha pasado poca gente en los últimos
minutos. Tanta nostalgia acumulada. Me veo tentado a decirle cosas a la urbe,
como si fuese capaz de escucharme, como un pájaro cantándole a su propio nido.
Trato de componer versos y fracaso. Prefiero quedarme mirando.
Escucho algo estruendoso, que viene
de lejos hacia el puente. Se ven unas luces muy grandes. Finalmente se acerca,
es un tráiler pesado y gigantesco. Hace temblar el suelo y me dobla las
piernas. Apenas me sostengo del barandal y me golpeó la cabeza. Las cosas
empiezan a dar vueltas, el pulso empieza a desaparecer, me recargo sobre mi
brazo y no recuerdo más.
* *
*
Recargas tu cabeza en mí. Cierras
los ojos. Extiendo mi brazo por tu espalda y mi mano alcanza fácilmente tu
hombro. Acaricio tu piel, cálida, suave y delicada, mientras siento tu
respiración. Nada parece perturbarnos esta madrugada, en pleno umbral del
silencio. Más que las sábanas, nos cubren nuestras palabras que aún flotan en
el aire.
Quisiera pensar que con mis manos
al fin derretí el hielo que cubría tu piel. Fuiste capaz de mirarme con pasión
y con ternura, de dejarte llevar, de que nos dejáramos caer. Y entre los dos
produjimos el caos que ahora nos tiene tendidos, exhaustos y felices. Da igual
quien empezó todo esto, los dos terminamos aquí.
Los minutos se consumieron entre los
juegos de nuestros cuerpos, motivados por la tentación y los impulsos. La lista
de reproducción se terminó y ni siquiera nos dimos cuenta. Algo tuvieron que
ver esas canciones de Pink Floyd, Joy Division y Led Zeppelin. Quizás nos
inspiraron, quizás nos sumieron en otra realidad de la que no podíamos escapar.
Ambos nos teníamos cautivos, no
podíamos irnos. Me mirabas con una sonrisa retadora, incansable, como si
quisieras que me rindiera y sucumbiera ante ti. No lo hacía. Los besos y
caricias siempre llevaban a algún lugar, a reinventar nuestros movimientos
instintivos, al objetivo final y casi inalcanzable de llevar ese delirio al
arte.
Por todo lo que había pasado, por
la manera en que me miraste antes de que cayeras dormida sobre mi pecho, pienso
que esta no será la única vez. Habrá muchos días y noches más. Perderemos la
cuenta un día y nos miraremos sin saber qué hacer…luego dejaremos de pensar y
todo volverá a empezar. Nos quedarán muchos amaneceres, muchos rayos de luz
entrando por la ventana.
Sé que no te irás tan pronto. Y que
mienten mis amigos, ingenuos, de que terminaré queriendo destruir tu recuerdo.
Tejeremos una red entre los dos, de palabras, suspiros, miradas, sonrisas
curiosas, caricias de media noche y misterios indescifrables. Será nuestra
creación. Pero basta ya de fantasear, que la madrugada se consume y deseo
dormir respirando suavemente sobre tu piel.
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