Huesos

HUESOS
Me reuní con ellos la noche anterior. Verás, no suelo contarle a nadie de estas cosas, porque no hay necesidad. En la desesperanza que gobierna nuestros días, importa poco tratar de buscar una salida a nuestra condición que nos mantiene atados a este aspecto. Pero quise contarte porque sentía un vacío inusual, algo que ya de por sí parece un chiste. Porque lo que no tiene fondo, está vacío ya de por sí. Y yo no lo tengo.

Tú me conoces bien, aunque no me viste en otros tiempos. Puedes decir poco o mucho de mi aspecto, sin que realmente me importe; la belleza a estas alturas sólo un capricho mundano que parece haberse quedado congelada en el pasado. Es claro que los esqueletos no tenemos nada que presumir más que la blancura de los huesos, el estado de nuestros dientes, el silencio de las articulaciones. Cómo verás, son puras cosas inútiles.

Fui con ellos, mis otros compañeros esqueletos, a la casa de Deoran…si es que a eso se le puede llamar hogar. Es un viejo sótano al que sus dueños, trabajadores eternos que sólo tocan la cama tres horas por día para irse, han dejado abandonado desde años atrás. Los proyectos de jardinería y remodelación quedaron literalmente enterrados. Como cualquier persona, esa familia compró cosas para embellecer su espacio. Pero nunca se materializó.

Nos gusta ese espacio porque es silencioso, y sabemos que nadie bajará a sorprendernos. Quizás si alguien viniera podríamos escondernos o darle un susto de muerte, pero nos causa pereza trabajar fuera de nuestro turno. No, como ya te he dicho, no es nuestra tarea asustar a nadie. Pero es una consecuencia natural cuando los iluminados nos ven. Sí, esa gente que un día cualquiera tuvo un diálogo extraño con un forastero y que de pronto empezó a ver cosas sin que nadie le creyera. A ellos los asustamos, hasta que se cansan de vernos.

Pero nuestro propósito es más bien, ser mensajeros o guardianes de esos seres que se disfrazan de forasteros. También fuimos sus víctimas y desaparecimos un día cualquiera, al estar persiguiendo a una mujer africana que nos seducía, y nos atraía con señas. Parece un juego de niños, una trampa absurda, pero caímos. Ya te he contado esa historia varias veces, de cómo perdí mi carne después de esa persecución y me quedé en los huesos.

Por lo mismo, podría decir que estoy muerto. Me gusta que me llames por mi nombre. Se escucha tan bien que me digas “Morian”. Y no sé cómo te escucho si ya no tengo oídos, te veo sin ojos, hablo sin garganta y pienso sin cerebro. Quizás todas esas cosas van más allá de la carne. De eso hemos estado hablando esta noche. Algunos de ellos extrañan sentir sus músculos, la tensión en sus tendones o hasta los dolores en la espalda al finalizar cada día. Concluían que era mejor el dolor que la nada, porque por lo menos eso los hacía sentirse vivos.

Si es que estamos muertos, no deberíamos estar hablando. ¿Para qué? Podríamos limitarnos al silencio, a nuestro servicio de entregar mensajes-siempre son escritos, no necesitamos voz-por la eternidad, envueltos en nuestras túnicas. Quizás debería divertirnos que nos confundan con la representación de la muerte, pero entre nosotros, ¿por qué nos reiríamos? Y, sin embargo, lo hacemos. Nos burlamos de esas caras mortales, de nosotros mismos. Por eso yo pienso que nos queda un sorbo de vida, ¿qué piensas tú?

Eres muy linda al pensar eso, al creer que estoy vivo. Por lo menos de mí quedan los restos. Temo por aquellos que realmente desaparecen y se vuelven polvo sin que sus familias sepan de ellos de nuevo. Extraño a la poca familia que tenía. No puedo ir de visita a su casa, porque probablemente no me verían. Y si lo hicieran, me arrojarían un galón de agua bendita. Me conformo con que sepan, aunque no sea cierto, que fallecí en un accidente marítimo a la mitad del Atlántico.

¿Qué nos aflige a los esqueletos? La añoranza, los gustos del tacto. El hueso siente, pero sólo eso. La piel, en cambio, se contrae, se eriza, cambia su temperatura, se vuelve tersa o escamosa; es la representación del cambio. Y estos huesos parecen inquebrantables. Sólo conozco a uno de nosotros que se ha roto uno y lo pudo componer con algo de pegamento. Muchos han tratado de huir de su condición, de una u otra forma. Pero, ¿qué hay después de esa muerte extraña que tuvimos? Sólo esta eternidad melancólica. Lo único que me hace diferente es tener tu consuelo.

Creo que al fin ya estoy dispuesto a responderte para quién demonios trabajamos. Verás, no son seres humanos. Quizás podrías pensar que son brujas por su aspecto descuidado, porque lucen como esas ilustraciones medievales. Pero al observarlos y escucharlos, te das cuenta de que son otra cosa. Desconozco su origen, si vienen desde el principio de los tiempos o salieron de la profundidad del planeta. Pero tienen una suerte de actividades y placeres obsesivos que los llevan a reclutar gente como nosotros. Persisten en la atemporalidad, no sienten culpa. Cumplen sus perversiones, nos ordenan y continúan.

Estos seres, te digo, se creen maestros del mundo. Cuando se disfrazan de forasteros enseñan lecciones extrañas a cualquier persona común que de pronto se ve sumida en una ansiedad excesiva. Ellos desaparecen en un estado de desesperación. Esos gritos infinitos, esa locura inducida les produce un placer extraño. Entonces se vuelven polvo. Los seres registran esa pesadilla de manera detallada en libros y esos son los que transportamos a otros, para compartir sus vivencias. Sí, tienen un círculo como el nuestro.

Ahora quiero que me respondas, ¿cómo carajo eres capaz de verme y escucharme? Cualquiera te juzgaría de esquizofrénica o algo por el estilo. Aún no tengo acceso por ser demasiado viejo a las grandes verdades de la existencia para saberlo. No perteneces a esas personas adoctrinadas que sobrevivieron al no parecerles interesantes a estos individuos. Eres una mujer sencilla, sin muchos complejos, que gusta de escuchar. ¿Es tu pureza?

Ya, ya sé que eso de la pureza parece ridículo.  No me lo repitas. Tú también puedes contarme tus cosas, podría aconsejarte mucho. Lo que mejor puedo desear para ti es que persigas la utopía construyéndola, porque ese es el sentido de la vida. Por lo menos, así es para mí. Me has contado que eres periodista. Sé que no sólo viniste aquí a verme, sino a encontrar respuestas para tu trabajo. Ya te he dado una explicación, pero no sé si es suficiente. Dime más, para que te ayude a hacer esa versión de los hechos que le vas a presentar a tu editor.


¿Cómo le vas a explicar que los desaparecidos y muertos en el país se deben a unos seres extraños? Hasta son un chivo expiatorio y yo parezco el simple informante. Pero los números que me has dicho son alarmantes. Cuéntame más. Quisiera saber cómo la tierra se traga a tanta gente. Quisiera. Y yo soy sólo un intento de explicación más a tu inocencia, a creer que los humanos no son tan crueles. Soy un esqueleto en el armario de tus pensamientos, una fantasía con la que te diviertes para no pensar en que tú puedes engrosar la lista de tragedias nacionales. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Nívea

Idilio Costero

Blitz (Lluvia de Fuego)

Astillas de Cuba (Parte 1)

Lago Espiral: Parte I