Nívea
NÍVEA Te pensé. Flotaste en mis ideas mientras intentaba despertarme, pero mis ojos no se abrían como yo quería. Me revolvía inquieto entre las sábanas, y distintos sonidos agudos confundían mi mente. Sentía las manos frías y hormigueantes. Hacía viento, las ventanas estaban abiertas, pero yo no recordaba haberlas dejado así. Tu aroma serpenteaba en mi habitación como una espiral errante, pero no sabía aún si estabas ahí. Cuando abrí los ojos, la mañana estaba blanca, muy blanca. Las paredes de mi casa, que solían ser de color crema, parecían recubiertas de una capa de mármol o conchas de mar, pulidas por algún ocioso. Por todos lados había un brillo extraño. Parecía como si de tu interior hubiera brotado todo ese recubrimiento, como si hubieras nevado sobre mi casa y dejado únicamente tu aroma. Porque tu cuerpo ya no estaba. Mientras aún no podía despertar, creí ver que tenías alas. Pero no eras ya humana, sino una cacatúa ninfa completamente blanca, de un tamaño mayor a...

Comentarios
Publicar un comentario