Luces Rojas


LUCES ROJAS

¿Brillas dónde estás? Te encontré y te acabo de perder, una vez más. Mi voluntad es trémula; mi juicio perdido, sumergido en pantanos fríos. Tu cuerpo parece intangible, inalcanzable. Lo toqué una vez, nos incendiamos…recuerdo tu mirada de gozo ante el caos, y tu lado razonable pidiéndote escapar. No quedaron cenizas, sólo un humo extraño que se prolongó por semanas y meses. En lo ahumado flotan mis dudas, y las tuyas, esas que jamás entiendo.

Las tengo en mis manos. La espera no fue tan larga en el cuarto oscuro con la luz roja. Temí que el pulso me traicionara o la distracción del azote de mis pensamientos. Las veo, me sirvo un trago. La música alrededor se ralentiza, cae y disminuye hasta llegar al suelo. Laten entre mis dedos, como si estuvieran vivas. Aún no puedo compartírtelas. Tú allá, yo acá. En medio la frontera que nadie ve. Siento tu risa, tu miedo, el peso incomprensible de tu silencio.

*  *  *
Hoja de otoño incendiaria, dame una sonrisa. Una pequeña, mueve los labios. No te pongas nerviosa, piensa en otra cosa. Explora el paisaje, es tuyo. Deja de mirarme con esos ojos, no te diré qué hacer. A nadie le harías caso realmente. Como retratista inexperto te dejo en libertad para intentar capturar tu esencia: la que todos juzgamos mal, hasta tú misma. Te miran como si fueras estanque y eres un remolino submarino.
Te llevas un poco de la vida del obturador. Te disparo, pero no sangras. Sólo es el instante en que la luz te retrata en mi cámara. Y nunca es perfecto el brillo en tu rostro entre esta naturaleza. El tono claro de tu piel, ligeramente bronceado, salió de la mezcla felizmente absurda del círculo cromático. El flash te vuelve nieve, la sombra te reduce. Soy capaz de perderme mirándote, sin saber qué estoy viendo.

Vine a tomarte fotografías sin esperar que fuera perfecto. Tú las quisiste. La naturaleza no te absorbe. Quédate quieta un momento, veo tu pierna derecha temblando mientras te recargas en ese árbol. Aún imagino el incendio sobre tu piel, el sabor a mango de tu cuello. Has cambiado desde ese día y puliste tu cuerpo con sutileza. Sabes guardar bien tus secretos, no estás dispuesta a decir más. Sonríes al fin, pero te quejas de la vacilación de tu mirada.

Nunca prometí no volver, porque no lo creí necesario. Quizás tú tampoco. En todo este tiempo estuvimos como náufragos en islas distintas, a pesar de estar a sólo unos metros y minutos de distancia. Ahora estás aquí y espero que no vuelvas a irte. No me quiero alejar de nuevo, pero no pienso pedirte nada. Me guardaré mis deseos, callaré mis intenciones ocultas. Sólo quédate ahí, un poco más a la izquierda. Listo.

No te describiría como villana, ni estúpida, aún a pesar de tus actos difíciles de adjetivar. La cámara te retrata sin prejuicios, engrandece un poco tu silueta fugaz. Tu brillo viene de un imperio que no existe. En otra dimensión de estrellas oscuras estarías entre mis brazos y la cámara tendida sobre el pasto…cerca, muy cerca. Tu malicia sería amor consumado, indefinido, flotante y exquisito como el bocadillo perfecto infinito. Pero sólo estás ahí pensando en ti misma, en la luz que desborda tu cuerpo.

Soy un tanto ridículo con mis decisiones. Te contemplo en ese puente que elegí para la foto, con los pilares verticales detrás de ti y el lago con patos ociosos al fondo. Lucirías bien en una pintura parisina de Seurat, pero Monet se negaría a pintar tu sombra en un amanecer naciente de primavera. Te sonrío, aprieto los botones de mi camisa mientras te acomodas para otra foto más.

Dicen que el fuego gobierna sin cabeza mientras corre ciego. Así se proyecta el deseo que expandes inconsciente, como polen en un campo volcánico. Quizás fuiste modelo de alguno de esos escultores florentinos que tallaban la piedra hasta crear transparencias. Dices cosas, muchas cosas. Que así sea diario. Diría que es como en los viejos tiempos, pero el pasado no volvería a nacer en ti.

Ya es tiempo de irnos. No me atrevo a pedirte prórroga. Sólo acuerdos y promesas. No más silencio entre nosotros. Ya tenemos embajadores diminutos en la mente del otro. Somos por un instante Castro y Obama saludándose después de decenas de años de frío bloqueo. Podríamos odiarnos por una y mil razones. Por la amenaza y los cantos de abandono. Pero nos reunió la fotografía. Y ahora en el puente que construimos esta mañana sobre el lago, podemos alcanzarnos de nuevo.

*  *  *
Deberíamos ser rey y reina de ninguna parte. Las tengo en mis manos y tiembla el cielo. Las fotografías salieron bien después de todo. Te envié una copia, las deposité personalmente en tu buzón luego de tocar tu timbre cinco veces en diferentes momentos del día. Sólo te importa tenerlas. Bebo este licor rojo como la sangre. Veo mis arterias en mi piel casi transparente. Afuera llueve con fuerza, en la mitad de la primavera.

Te fuiste. Una vez más el silencio, declaración profunda de indiferencia. Nada duele, el viento no agita las ramas. Hoja incendiaria, has consumido un bosque que tampoco era real. Y entre esa frontera que nos divide hay muchas cosas que tampoco llegaron a existir jamás. Sólo tus fantasías y las mías, que alguna vez se encontraron para crear fragmentos flotantes de algo que jamás fue tangible.

Bebo y me ahogo en el océano de mi copa. Vendrá pronto la embriaguez que no tiene nada de redención, sólo permanecer en un baño hasta depositar el contenido de mi estómago. Para alguien como yo, que tiene una respuesta, aunque sea inventada, de todo, supones un dilema insoportable. En tu viaje de sueños púrpuras que va a ninguna parte no hay lugar para mí.


Sólo tengo el recuerdo y mañana será menos. Estamos un poco enfermos, lo sabes. Quizás nos destruiríamos después de todo. No vi rosas en ti ni canciones de amor. Nos atrajimos como dos depredadores poseídos. Supiste escapar en la profundidad de tu interior. Somos una mentira que podría volver a incendiarse en cualquier momento. Tengo las fotos originales en mis manos las acaricias. Donde sea que estés, da un paso atrás, lejos de mí, entra en eso a que llamas luz. Delante de tus ojos, volveré. 



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