¿Qué esconden tus ojos?

Me subí al camión, con total naturalidad. A afrontar un día nuevo, el martes 11 de junio. Como cada día me puse mis audífonos, me encanta escuchar música en cada viaje, aún si es dentro de la propia Ciudad de México. Iba vestido con una playera roja de 'Hello Seahorse!", una de mis bandas favoritas, un recuerdo de una noche mágica en que los tuve tocando muy cerca. También con un pantalón negro holgado y zapatos, para rematar mi cabello corto. No me gustaba ni lo de los zapatos, ni lo del pantalón y menos el cabello, pero eran un requisito para ir a mi trabajo 'gratuito' de cada día en un famoso restaurante de la ciudad.

El día estaba nublado, con tendencia a ser lluvioso. El camión avanzaba a ritmo normal y yo sentía un hueco dentro de mí. En general, no había razón aparente. La gente subía y descendía del camión, no estaba lleno. Yo estaba sentado en el asiento que daba al pasillo y vigilando si alguien quería sentarse junto a mí, ya que la música que escuchaba en mis audífonos no me permitía escuchar las voces ajenas a mí. Mi asiento no era el más cómodo, era el que se encontraba arriba de la llanta trasera, por lo tanto, tenía un escalón un poco incómodo.

De pronto subieron al camión tres mujeres, dos de ellas se pasaron de largo y encontraron asiento atrás de donde yo estaba. Y entonces hice contacto visual con la última de ellas. Era una chica aproximadamente de mi edad, de piel blanca, cabello entre rubio y castaño, ojos miel, vestida con una blusa blanca y jeans. Nuestras miradas coincidieron y un instante más tarde me dijo con voz tímida
-¿Me das permiso?
Asentí con la mirada, me paré de mi asiento y la dejé pasar. Los primeros instantes seguí mirando el camión y por la ventana el tráfico que comenzaba a asentarse, tratando de ignorarla.
Pero no pude ignorarla, la voltee a ver de nuevo, tan sólo por un instante, vi su rostro de perfil, miraba hacia la ventana. Y sentí atracción junto con un pequeño vuelco en el estómago. Sonreí para mis adentros y me llamé a mí mismo 'Loco'.

Y mientras me ocupaba en cambiar de canción y buscar algo más acorde con el día, noté poco a poco que ella me veía también, con una mirada curiosa, traté de disimular hasta que encontré una canción de la banda neoyorquina Interpol (Take You on a Cruise). Nuestras miradas coincidieron de nuevo y no dijimos nada. Comenzaba a llover ligeramente y ella mantenía ese aire natural y curioso ante la situación. ¿Qué estaría pensando ella?

Mi mente comenzó a maquinar muchas ideas y mis ojos entonces se perdieron, la veía a ella con una mirada suave y de pronto volteaba hacia otro lugar para no incomodarla. Trataba simplemente de disfrutar ese extraño momento. Fantaseaba con que ella, de igual forma, buscaba disfrutar la situación. Era un silencio agradable, con pensamientos que no salían, con el aire ligeramente frío que no causaba efecto alguno en mi piel, con las miradas y los sentidos invisibles actuando como únicos interlocutores.

Noté que estaba cerca de llegar a mi destino, pero el trafico impidió llegar rápidamente. Me quité mis audífonos, para bajar dentro de poco. Ella me miró nuevamente y esta vez no fue sólo un instante, entonces mientras ya estaba explorando lentamente sus bellos ojos, me dijo con voz suave y fresca:
-¿Qué esconden tus ojos?
Mis ojos brillaron y fue un ligero deleite escuchar esa dulce voz, no era perfecta, simplemente era bella. Y entonces mi mente dio fin a su guerra interna de pensamientos y conseguí decir:
-Lo que ocultan mis ojos, es la emoción de que tú belleza y tú presencia hayan logrado hacer alegre mi mañana tan espontáneamente, sólo eso.
Ella se rió ligeramente y accidentalmente (o quizás con intención) rozó mi mano, sus labios esbozaron una sonrisa que hizo que momentáneamente se me olvidara el mundo. Salí de ese efímero estado y me paré de mi asiento y ella también, habíamos llegado a la Avenida Insurgentes. Sin decir nada más caminamos y en un punto nos vimos por última vez y me quedé con su recuerdo grabado en la mente. Seguí caminando, intentando guardar esos breves instantes y volviendo con cierta tristeza a mi cotidianidad.

No sé si la vuelva a encontrar un día o sí sólo fue un encuentro ocasional, no lo sé. Pero esos instantes  volvieron especial la mañana del 11 de junio.
ĪR

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