Extrañados
EXTRAÑADOS
¿Si
te llamara, vendrías? Aunque sea por nostalgia, para que inviertas tu tiempo
libre en algo distinto a tus lecturas interminables, y que con ello calmes mis
ansias de verte. Quizás no te diga nada, y tú calles como siempre por varios
minutos antes de que tu mente pueda decir algo. Ven solo, con tu carga ligera,
y tu cámara en mano como en los viejos tiempos.
La
última vez que te vi me contaste que tu vista se nublaba de vez en cuando, en
esos momentos sólo veías mares nebulosos que lo cubrían todo. Andabas pálido,
tus venas se transparentaban más de lo normal y tu flujo sanguíneo continuaba
con más pereza que entusiasmo. Eras un hombre decadente, envuelto en tu
misterio; yo, una mujer que le asustaba entenderte.
Tu
ausencia estos días y semanas está justificada. No supe nada de ti, aunque
sabía que continuabas reacio con tus días y noches. Quise imaginar que pensabas
en mí. Puedes culparme de muchas cosas, pero jamás de que no desperté algo en
ti: fuese la alegría, la ira, la tristeza o el odio. Me recordabas de muchas
formas, ¿verdad? El sonido de las aves aleteando te causaba nostalgia y el del
afilador te producía un nudo en la garganta. Mi nombre quizás aparecía en todas
partes. Tu reto era buscar consuelo en el desconcierto de los recuerdos.
No
entiendo aún para qué quiero verte. Si será por el placer de mirar tus ojos
tristes o decepcionados, tan bellos como anticuados. O por tus pasos
silenciosos, tu esencia de amante a veces explosiva y otras, descarnada. Quiero
que vuelvas, y decirte que no sé a dónde ir. Tú tendrás un buen plan, o sólo te
darás la vuelta. Pero debería llamarte ya. Es tarde, no quiero encontrarte con
un pretexto. No eres un capricho, sólo un gusto existencial.
* * *
Vine
a verla, pero no la encontré. Me hizo perder mucho tiempo entre idas y venidas,
para terminar en estas calles viejas, llenas de turistas gringos y vendedores
oportunistas. La esperé el tiempo suficiente, aún entre las sombras de una
noche que empezaba a caer. No ocurrió nada. Antes, en los viejos días, podía
percibir su aroma a unos metros de distancia y hallarla a ciegas. Pero ahora,
es imposible.
Su
celular está apagado. Aprieto mis manos, suspiro con fuerza y siento como mis
venas se calientan, a la par de un frío que se apodera de mi estómago y
espalda. Repito su nombre en mis adentros sin poder maldecirlo todavía. Decido
irme del lugar que acordamos para aprovechar el paseo lo mejor que pueda.
Quizás la encuentre por ahí, perdida o confundida con nuestro lugar de
encuentro. Tal vez ahora ya esté en su casa, sin pensar en mí en lo más mínimo.
Mientras
camino entre la gente escucho su risa, su voz diciendo mi nombre, a pesar de
que tengo audífonos. No volteo porque sé que es un espejismo. La extraño, sin
estar contento por su recuerdo. Para intentar distraerme decido acercarme a uno
de los costados de la iglesia cercana para tomar fotografías de esos contornos
de piedra salpicados de luz lunar. Quizás obtenga una toma soñadora que me haga
volver a casa con un sabor de boca menos amargo.
No
obstante, ninguna de mis tomas es satisfactoria. No importa qué tanto ajuste la
exposición de la cámara o use hasta el flash: todas salen absolutamente
oscuras. Quizás sea un error del aparato. La falla me hace enfurecer más y
pateo un arbusto cercano. Siento un mareo instantáneo y otra vez la niebla
inutiliza mi vista. Pierdo el equilibrio, caigo al suelo y ruedo por tres
escalones pequeños de piedra. Me sostengo, todo se oscurece.
La
luz de la Luna y el alumbrado se difumina cada vez más hasta oscurecer por
completo. Al poco tiempo ya no veo nada. Siento una ansiedad hormigueante en la
espalda. Volteo para todas partes, confundido. Sé que algo vendrá por mí. Me
pico los ojos sólo para saber que están abiertos. Creo escuchar sonidos vagos,
pero se desvanecen al instante.
Minutos
después de una desesperación que se volvió silencio resignado, percibo luces coloridas
y explosivas sobre mis ojos de distintos colores. Fluyen con los movimientos de
mi cabeza. Sé que la luz ha vuelto, pero estoy cegado. Siento respiraciones en
mi espalda, en las palmas de mis manos y en mis hombros. Escucho voces
risueñas, con palabras oxidadas e incomprensibles. Los cuerpos de esos seres
fluyen alrededor de mí cortan el aire nocturno.
Se
acercan más, me tocan, juegan con mis brazos. Tienen consistencia seca,
desprenden polvo y se forman pequeños montículos en mi piel. Respiran con
dificultad, chillan con frecuencia, se acercan curiosos a mis ojos inútiles. Sé
que si los viera gritaría de miedo como cualquier persona. Pero sin mis ojos,
esos fantasmas sólo son materia errante.
A
pesar de que juegan conmigo, cada uno parece ensimismado en sus pensamientos.
Lo sé porque no conviven entre ellos, continúan por separado. Cuando dejan
salir su aliento en mi cabeza, los escalofríos me recorren como impulsos
eléctricos el cuerpo. En esos momentos sólo la veo a ella. Y los recuerdos
parecen congelarse en una sola imagen que dura en mi mente por unos segundos.
La consecuencia es un dolor tibio, un frío irreparable y un entusiasmo
creciente de los espectros. Me tienen a su voluntad. Curan sus males conmigo.
* * *
Pedí
despertar, no quería más pesadillas. Y ahí estaba ella, a mi lado, durmiendo de
espaldas. No sonreí al verla, ni sentí deseos de contarle mis locuras al día
siguiente. La ceguera temporal había desaparecido y podía ver el contorno de su
cuerpo iluminado tenuemente. Quise rozar su piel, pero sólo me encontré con el
espacio vacío. Ahora mi tacto parecía inoperante.
Ella
volteó hacia mí, aún con los ojos cerrados. Suspiró y luego me dijo “Quiero que
vengas”. Fui, intentando abrazar el vacío que parecía su cuerpo. Por unos
minutos sentí que mis brazos flotaban sobre la cama. Después sólo hubo un
contacto tibio, que fue aumentando hasta sentir su piel nuevamente. Me conmoví
y quise abrir la boca para decirle que la quería, luego de semanas sin hacerlo.
En ese momento descubrí que estábamos cubiertos de polvo y telarañas con
diminutas gotas de agua. Luego lo supe cuando los espectros volvieron a danzar
sobre nosotros: habíamos pasado el tiempo extrañándonos en presencia.

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